jueves, 9 de julio de 2026

VICENTE CAMPO ELÍAS

Biografía exhaustiva del prócer merideño: del comercio riojano al Batallón Barlovento — vida, obra y muerte de un español al servicio de la independencia de Venezuela (1759/1772-1814)

Introducción: Vicente Campo Elías ocupa un lugar singular —y no exento de controversia— en el panteón de próceres de la independencia venezolana: nacido español, convertido por adopción y por convicción en uno de los soldados más feroces de la causa republicana, y a la vez protagonista de algunos de los episodios más sombríos de la llamada "guerra a muerte". Este trabajo de investigación reconstruye de manera cronológica y exhaustiva su vida y su obra en tierras venezolanas: desde su origen en la comarca riojana de Cameros, pasando por su radicación comercial en Trujillo y Mérida, su matrimonio con la familia Rodríguez Picón, su participación en la Junta Patriótica merideña de 1810, su exilio de guerrillero en el páramo tras la caída de la Primera República, su incorporación a la Campaña Admirable de Bolívar en 1813, sus victorias y atrocidades en los llanos centrales, hasta su muerte en el sitio de San Mateo en 1814 y el desamparo posterior de su viuda e hijos.Para su elaboración se consultaron el Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Empresas Polar (BiblioFEP), la Clave histórica de Mérida de Tulio Febres Cordero —disponible en el repositorio digital SERBIULA de la Universidad de Los Andes—, Wikipedia, trabajos monográficos y blogs especializados de investigación histórica, notas periodísticas y de organismos oficiales venezolanos, y documentos primarios del Archivo del Libertador (la necrológica de Campo Elías inspirada por Bolívar y la correspondencia de su viuda, Martina Picón, con el propio Libertador). Cada afirmación se documenta en nota al pie, y al final se ofrece la bibliografía completa.

Se advierte al lector, desde ya, que las fuentes consultadas no son unánimes en todos los datos —el año exacto de su nacimiento oscila entre 1759 y 1772, según la fuente, y el propio recuento de sus batallas varía en fechas menores—; se ha optado por señalar estas discrepancias en el cuerpo del texto en lugar de forzar una falsa precisión donde la documentación disponible no la permite.

Capítulo I. Orígenes: Soto en Cameros y la partida hacia América

Juan Vicente Campo Elías nació en Soto en Cameros, comarca de La Rioja, entonces integrada a Castilla la Vieja, España. Las fuentes difieren sobre el año exacto de su nacimiento: mientras Wikipedia y varias reseñas oficiales sitúan su nacimiento en 1759, otras fuentes —entre ellas un blog especializado en historia venezolana y ciertas notas oficiales— lo ubican en octubre de 1772, lo que arrojaría edades sensiblemente distintas al momento de su muerte en 1814. [1][2] Era hijo de don José del Campo Elías y de doña María Elías González, ambos naturales de Soto en Cameros y, según se ha señalado, parientes entre sí. [3]

Con apenas diecinueve años de edad, viajó hacia América en 1791 junto a uno de sus tíos, don Hipólito Elías, quien había sido nombrado canónigo de la Catedral de Mérida, Venezuela, ese mismo año. [4] Aunque llegó al continente por la vía de Maracaibo y su tío se dirigía a ocupar su canonjía en Mérida, el joven Vicente decidió radicarse primero en la ciudad de Trujillo, donde se dedicó de lleno al comercio, actividad en la que —según coinciden varias fuentes— despertó rápidamente una notable simpatía entre sus pobladores. [5]

Capítulo II. Comerciante y funcionario en Trujillo y Mérida

En Trujillo, Campo Elías fue elegido síndico procurador del Ayuntamiento —un cargo de responsabilidad municipal habitualmente reservado a españoles peninsulares de posición económica y respetabilidad reconocidas—, distinción que recibió hacia 1799. [6] Las exigencias de sus negocios lo llevaron, al año siguiente, a trasladar su residencia a la ciudad de Mérida, donde en 1800 contrajo matrimonio con Martina Rodríguez Picón (también referida como Martina Picón y González), hija de uno de los vecinos más notables e influyentes de la ciudad: don Antonio Ignacio Rodríguez Picón, comerciante de sólidas convicciones republicanas que sería, años más tarde, el primer gobernante patriota de la provincia de Mérida. [7][8]

Del matrimonio con Martina nacieron cinco hijos, cuatro de ellos niñas: según una reconstrucción genealógica reciente, se llamaron María Fernanda, Inés, Josefa y Concepción, además de un varón, Anselmo. [9] Otras fuentes de la época hablan, en cambio, de "cuatro niñas y un varón" sin precisar todos los nombres, discrepancia menor que no altera el núcleo familiar del prócer. [10]

Ya plenamente integrado a la élite local, Campo Elías desempeñó la alcaldía ordinaria de Mérida en 1805, y al año siguiente fue elegido diputado de la Junta de Consolidación. [11] Se le menciona también como miembro del Tribunal de Alzadas de la provincia. [12]

Capítulo III. 1810: la Junta Patriótica de Mérida

El 16 de septiembre de 1810, siguiendo el ejemplo del movimiento independentista iniciado en Caracas el 19 de abril de ese mismo año, Mérida depuso a las autoridades coloniales del Cabildo y las refundió en una Junta Patriótica, a semejanza de la caraqueña. [13] Vicente Campo Elías figuró entre sus miembros fundadores, en una nómina que —según recoge Tulio Febres Cordero en su Clave histórica de Mérida— integraban también Antonio Ignacio Rodríguez Picón (su suegro y cabeza de la Junta), Mariano Talavera, Buenaventura Arias, Francisco Antonio Uzcátegui, Juan Antonio Paredes, Antonio María Briceño, Fermín Ruiz Valero, Blas Ignacio Dávila, Enrique Manzaneda y Salas, José Lorenzo Aranguren, entre otros notables merideños. [14] Entre las primeras medidas de esta Junta estuvieron la separación de la jurisdicción de Maracaibo y la constitución de la provincia de Mérida como entidad político-territorial propia, así como la elevación del antiguo Seminario de San Buenaventura al rango de Universidad. [15]

Capítulo IV. La caída de la Primera República y el refugio en el páramo (1812-1813)

Con la pérdida de la Primera República en 1812 y la consiguiente entrega de la provincia de Mérida a las autoridades españolas, Campo Elías se vio obligado a huir hacia las montañas de la región para escapar de la persecución realista desatada por Domingo de Monteverde. [16][17] Según el investigador Roberto Picón Parra, se refugió específicamente en el páramo de la Encantada, cerca de Mucuchíes, en terrenos propiedad de Vicente Pino Maldonado. [18]

Una nota necrológica de la época, inspirada —según ha establecido el Archivo del Libertador— por el propio Bolívar, describió con dramatismo esa etapa: Campo Elías, se dice, "prefiere las selvas, huir de su nueva Patria y de su esposa, que sufrir la degradación de la esclavitud", y "ocho meses anduvo errante por los desiertos" hasta que las tropas granadinas penetraron en Mérida y pudo por fin sumarse a la expedición libertadora. [19] Otras fuentes sitúan este período de reclusión entre 1812 y abril de 1813, cuando finalmente regresó a la ciudad tras el abandono de la plaza por las tropas del coronel español Ramón Correa. [20]

Durante ese tiempo de guerrillero de montaña, Campo Elías fue reclutando hombres entre los pobladores de la región: las cifras varían, entre trescientos y quinientos hombres, según la fuente consultada. [21][22] Con ese contingente, al regresar a la ciudad ya desmantelada por los españoles, asumió por su cuenta el mando de la plaza mientras esperaba la llegada de las tropas patriotas comandadas por Bolívar. [23]

Capítulo V. La Campaña Admirable: Mérida, Niquitao y Los Horcones (1813)

Cuando Simón Bolívar entró triunfalmente a la ciudad de Mérida el 23 de mayo de 1813, en el marco de la Campaña Admirable, Vicente Campo Elías se incorporó de inmediato a las tropas libertadoras con su contingente de merideños reclutados durante su exilio en el páramo. [24][25] Fue en esa misma ocasión —recuerdan varias fuentes— cuando el pueblo de Mérida aclamó por primera vez a Bolívar con el título de Libertador, episodio del cual Campo Elías fue, así, testigo y protagonista directo. [26]

Bolívar lo nombró Capitán y lo adscribió a las fuerzas del coronel José Félix Ribas, entonces comandante de la retaguardia del ejército patriota. [27] En esas condiciones combatió el 2 de julio de 1813 en la batalla de Niquitao, contra las fuerzas realistas del capitán José Martí, a las que persiguió y prácticamente aniquiló, y días después, el 22 de julio, en el sitio de Los Horcones, donde las fuerzas patriotas derrotaron a las tropas del coronel realista Francisco Oberto. [28]

Capítulo VI. Puerto Cabello, Bárbula y Las Trincheras

Concluida la primera fase de la Campaña Admirable con la entrada a Caracas el 6 de agosto de 1813, Campo Elías participó, junto a Atanasio Girardot, en el prolongado asedio a la fortaleza realista de Puerto Cabello. [29] El 30 de septiembre de 1813 se libró la batalla de Bárbula, en las cercanías de Naguanagua, donde las fuerzas patriotas obtuvieron la victoria a un alto precio: la muerte del coronel Atanasio Girardot. [30] Tres días después, el 3 de octubre, en la batalla de Las Trincheras, Campo Elías contribuyó a vengar la muerte de su compañero de armas, infligiendo una derrota completa a las fuerzas realistas y forzando su repliegue definitivo hacia Puerto Cabello. [31] Por estos brillantes triunfos, el Libertador lo ascendió al grado de teniente coronel. [32]

Capítulo VII. El juramento de exterminio y la batalla de Mosquiteros

Un juramento que ha desconcertado a los historiadores

Resulta paradójico, y así lo han señalado numerosos historiadores, que un español de nacimiento como Campo Elías se convirtiera en uno de los ejecutores más rigurosos del odio antiespañol que caracterizó la etapa de la guerra a muerte. Se le atribuye, entre otras expresiones recogidas por diversas fuentes —incluyendo un relato que el propio Pablo Morillo dejó por escrito a su regreso a España—, la determinación de "acabar con todos los españoles" y, una vez lograda tal empresa, quitarse él mismo la vida para no dejar rastro de su propia estirpe en Venezuela. [33][34] En una carta dirigida a José Félix Ribas, el propio Campo Elías explicó que sus acciones buscaban atraer hacia las filas patriotas a la "multitud de bandidos que infestan el territorio", en referencia a la mayoría de los habitantes de la región del Guárico, entonces adictos a la causa realista. [35]

Mosquiteros: la hora de gloria del comandante Elías

A mediados de 1813, ya libre el occidente venezolano gracias a la Campaña Admirable, el caudillo realista José Tomás Boves comenzó a organizar en los llanos centrales un poderoso ejército de jinetes, con apoyo de Domingo de Monteverde. Tras derrotar a las fuerzas patriotas del coronel Tomás Montilla en el desastre del Caño de Santa Catalina —el 21 o 23 de septiembre de 1813— y ocupar la ciudad de Calabozo, Bolívar decidió enviar contra él al batallón Barlovento, al mando del ahora teniente coronel Vicente Campo Elías, secundado por el teniente coronel Miguel Ustáriz. [36]

En su marcha hacia el Guárico, Campo Elías incorporó a los restos escapados de Santa Catalina y, tras una contramarcha hasta la Laguna de Montero, unió sus fuerzas con las columnas de los tenientes coroneles José María Maya y José Manuel Torres y el capitán Manuel Cedeño. [37] Con esta fuerza combinada —estimada en alrededor de 1.300 hombres frente a los cerca de 2.500 llaneros de Boves— llegó el 14 de octubre de 1813 a la sabana de Mosquiteros, cerca de Calabozo. [38][39]

El combate fue duro: Boves logró en un primer momento romper el ala izquierda de las fuerzas patriotas, obligándolas a retroceder, pero la reacción táctica de Campo Elías, secundado por Maya, Torres y Cedeño, terminó por decidir la contienda a favor de los republicanos. [40] Las cifras de bajas realistas varían según la fuente: el propio Campo Elías reportó 808 muertos enemigos en su boletín oficial, mientras que el historiador Vicente Lecuna estimó la cifra en unas 1.200 bajas; las pérdidas patriotas se han calculado entre 200 y 300 hombres. [41] Boves, derrotado, tuvo que huir con apenas diecisiete hombres hacia su refugio de Guayabal, en donde reorganizaría en los meses siguientes un ejército mucho mayor —de más de siete mil llaneros, indios, mulatos y negros—, conocido después como la "Legión Infernal". [42]

La matanza de Calabozo: una sombra sobre la victoria

Tras la victoria, Campo Elías entró en la ciudad de Calabozo y, según registran varias fuentes históricas, ordenó pasar a filo de machete a una cuarta parte de su población, bajo el argumento de que no se había sublevado contra los españoles pese a la cercanía de las tropas patriotas. Las estimaciones de víctimas varían enormemente: mientras Wikipedia recoge la cifra de "más de 3.000" ejecutados citando al historiador Felipe Hernández, otras fuentes son más cautas, notando que la población total de Calabozo en 1810 se estimaba en apenas 4.800 habitantes, lo cual haría inverosímil una cifra tan alta. [43][44] Un análisis reciente sobre el episodio ha señalado, además, que esta ejecución sumaria de civiles —muchos de ellos venezolanos aliados de la causa realista y no españoles peninsulares— "violentó" en cierto sentido el propio espíritu original del Decreto de Guerra a Muerte firmado por Bolívar meses antes, el cual establecía la muerte para españoles y canarios, pero la vida —aunque fuesen traidores— para los americanos. [45]

Con notable ironía histórica, historiadores posteriores han señalado que, lejos de amedrentar a la población llanera, la severidad de Campo Elías en Calabozo tuvo el efecto contrario al buscado: numerosos llaneros que hasta entonces se habían mantenido al margen del conflicto terminaron por engrosar, en los meses siguientes, las filas de la temida Legión Infernal de Boves, animados por el resentimiento y el miedo.

Capítulo VIII. Araure y la consolidación militar (diciembre de 1813)

El 5 de diciembre de 1813, al frente de su batallón Barlovento, Campo Elías combatió junto al propio Bolívar en la célebre batalla de Araure, en el actual estado Portuguesa. Junto con Luis María Rivas Dávila y sus dragones, su actuación fue determinante para asegurar el triunfo de las fuerzas republicanas sobre las tropas realistas del coronel José Cevallos. [46] En esa jornada, el célebre "Batallón Sin Nombre" se cubrió de gloria al romper el centro de la infantería realista, siendo rebautizado por el propio Bolívar, al día siguiente de la victoria, como "Vencedores de Araure".

Fue precisamente después de esta batalla, el 25 de julio de 1813 —según otra reconstrucción cronológica, la carta correspondería más bien al periodo posterior a Bárbula—, cuando Bolívar escribió a su suegro, Antonio Ignacio Rodríguez Picón, para consolarlo por la herida de su hijo Jaime, incluyendo en la misiva el único poema conocido del propio Libertador: "Y tú, padre, que exhalas suspiros al perder el objeto más tierno, interrumpe tu llanto y recuerda que el amor a la patria es primero". [47] El propio Campo Elías, como yerno de Rodríguez Picón, compartía en esos días el dolor de una familia que había entregado a varios de sus hijos —y a su propio esposo, en la persona de Martina— a la causa independentista.

Capítulo IX. 1814: La Puerta, La Victoria y el ascenso a coronel

A comienzos de 1814, Boves reapareció al frente de su Legión Infernal, ahora con más de siete mil hombres. Ocupó Calabozo y dividió sus fuerzas: una columna, al mando de Francisco Rosete, marchó hacia Ocumare del Tuy, sembrando el terror entre la población; la otra, bajo el mando del propio Boves, avanzó hacia Villa de Cura. [48]

Ya con el grado de coronel, Campo Elías le salió al encuentro en la primera batalla de La Puerta, el 3 de febrero de 1814, pero, inferior en número, sufrió una severa derrota que destrozó la columna de su ejército. [49] Boves, victorioso, avanzó sobre La Victoria, donde José Félix Ribas organizó una cruenta defensa de la ciudad el 12 de febrero de 1814 con estudiantes universitarios y jóvenes seminaristas caraqueños bisoños en el arte de la guerra. En medio de aquel desigual combate, Campo Elías llegó providencialmente con 220 hombres, junto a Mariano Montilla y Luis María Rivas Dávila, y logró hacer retroceder a Boves, infligiéndole una nueva derrota que salvó la ciudad. [50] Este triunfo le valió el ascenso al grado de coronel. [51]

Capítulo X. San Mateo: la última batalla y la muerte del prócer

Recuperado de su derrota en La Puerta, Boves avanzó nuevamente hacia Caracas, y Bolívar decidió hacerle frente en la hacienda de San Mateo, propiedad de su familia, en el actual estado Aragua. Allí se entabló una terrible batalla que comenzó el 27 de febrero de 1814 y que, en sus distintas fases, no terminaría sino hasta el 30 de marzo, con el triunfo final de los republicanos. [52]

El 28 de febrero de 1814 se produjo el primer ataque masivo de la temible "División Infernal" de Boves contra el ejército patriota, con la trinchera central —defendida por el propio Bolívar— como objetivo principal. Tras cinco horas y media de intensa lucha, el Libertador ordenó a Campo Elías reforzar el ala izquierda, en el cerro El Calvario, donde Manuel Villapol dirigía la defensa. [53] Campo Elías se lanzó, frenético, sobre las bayonetas enemigas; al atacar con su espada las filas de Boves, cayó gravemente herido por un disparo de fusil en un costado, además de otras heridas menores. [54]

Trasladado al hospital de campaña —llamado también "hospital de sangre"— de San Mateo, Campo Elías resistió durante más de dos semanas antes de morir a consecuencia de sus heridas el 17 de marzo de 1814, cuando la batalla aún no había concluido del todo. [55][56] Murió, según una crónica, poco después que el propio comandante Manuel Villapol, con quien había compartido la defensa de aquel cerro. [57]

Capítulo XI. La necrológica: las palabras de Bolívar sobre Campo Elías

La muerte de Campo Elías fue honrada con una necrológica publicada en la Gaceta de Caracas, firmada formalmente por Antonio Muñoz Tébar pero que, según ha establecido la investigación documental sobre el Archivo del Libertador, estuvo inspirada —cuando no directamente dictada— por el propio Simón Bolívar. El texto, uno de los homenajes más elocuentes dedicados a cualquier oficial de la independencia, reza en su parte sustancial:

"El benemérito Coronel Vicente Campo Elías, de la Orden de los Libertadores, Comandante del invicto Batallón de Barlovento, nació en España. No trajo a la América el espíritu de dominación; trajo las virtudes, el amor a la libertad, y ese impertérrito valor que hace resonar su nombre con tanta gloria en nuestras más célebres batallas. Establecido en la Provincia de Mérida, anunció temprano su alto destino, y cuando las ideas y las circunstancias del tiempo no le permitían ser el libertador de un pueblo esclavizado, era a lo menos su bienhechor."[58]

"Se había enlazado con la familia de los Picones, de la cual la sangre de dos jóvenes derramada en el campo de batalla, la recomienda a toda Venezuela. Tantos títulos al reconocimiento de la Provincia de Mérida, han hecho contar a Campo Elías, después de nuestra regeneración política, entre uno de sus ilustres hijos."[59]

La necrológica repasa además, con detalle, la trayectoria militar del coronel —Niquitao, Los Horcones, Mosquiteros, Araure, La Puerta, La Victoria y, finalmente, San Mateo—, subrayando que en Mosquiteros "Elías era el Jefe, de él fueron las disposiciones, y en consecuencia el honor del suceso", y cerrando con la constancia de que murió "el 17 de marzo de la herida que recibió en el costado de una bala de fusil el 28 de febrero en las alturas del Calvario de San Mateo, poco después que el bravo Villapol había sido muerto".

Capítulo XII. La viuda y los huérfanos: el destino de la familia Campo Elías

Tras la muerte del coronel, su viuda, Martina Picón, quedó en una situación de extrema precariedad, con cuatro hijas y un hijo varón, todos de corta edad, y habiendo perdido buena parte de los bienes familiares durante una larga emigración que la familia hizo hasta Bogotá en 1814, en medio de la reconquista realista conocida como el terror de Boves. [60]

En 1820, ya instalada la Tercera República, Bolívar ordenó destinar 200 pesos a la viuda de Campo Elías como reconocimiento tardío a los servicios de su esposo. [61] No conforme con esa ayuda puntual, y ante la persistencia de sus dificultades económicas, Martina Picón se dirigió por escrito al Libertador el 23 de julio de 1821 solicitando una asignación mensual permanente. En su carta, conservada en el Archivo del Libertador, expone con crudeza su situación:

"La ciudadana Martina Picón, vecina de esta ciudad de Mérida y viuda del Coronel Vicente Campo Elías ante V.E. con su acostumbrado respeto representa: que habiendo muerto su legítimo esposo en la campaña, y quedado la representante con cuatro niñas y un varón, todos de tierna edad, en un total desamparo, sin tener de qué subsistir por haber perdido los cortos bienes que le quedaron en la larga emigración que hizo hasta Bogotá en el año de catorce, en el día se halla padeciendo con sus hijos las mayores escaseces, por lo que persuadida de la generosidad y decisión de nuestro Gobierno en favor de la humanidad: a V.E. suplica se sirva, teniendo en consideración los servicios de su difunto marido, mandar se le haga alguna asignación mensual con que pueda ayudarse al sostenimiento de su crecida infeliz familia."[62]

La respuesta del Libertador, sin embargo, fue breve y negativa: adujo que "la situación actual de la República no permite hacer asignaciones todavía", y que "cuando se declaren los Montepíos se tendrá presente el derecho de la suplicante". [63] Martina Picón moriría finalmente en 1852, en una situación económica algo más desahogada que en los años inmediatamente posteriores a la muerte de su esposo; sus descendientes permanecerían arraigados en Mérida durante generaciones. [64]

Según refiere Tulio Febres Cordero, Campo Elías llegó a ser, en vida, heredero, administrador y albacea de los bienes de su tío el canónigo Hipólito Elías y de su suegro Antonio Ignacio Rodríguez Picón, entre ellos la hacienda Rondón, situada en Ejido, avaluada en varios miles de pesos de oro, aunque estos bienes se vieron mermados considerablemente por los efectos de la guerra de independencia. [65]

Capítulo XIII. Legado y memoria histórica

El nombre de Vicente Campo Elías permanece hoy inscrito en la geografía política del estado Mérida: el municipio Campo Elías, cuya capital es la ciudad de Ejido —fundada en 1650 y vinculada históricamente al prócer a través de la hacienda Rondón—, honra su memoria como uno de los veintitrés municipios de la entidad andina. [66] En la propia ciudad de Mérida se erige, además, un monumento al coronel en el Parque Glorias Patrias del municipio Libertador. [67]

Su figura ha sido objeto, con el paso de los años, de una relectura historiográfica cada vez más matizada: si la tradición decimonónica y buena parte de la historiografía oficial del siglo XX lo presentaron sin reservas como un héroe de lealtad ejemplar —un español que "dio todo por Venezuela"—, la investigación más reciente ha comenzado a poner en su justa dimensión los episodios de extrema violencia, como la matanza de Calabozo, que empañan ese relato heroico y que resultan inseparables del contexto de exterminio mutuo que caracterizó la guerra a muerte de 1813-1814. Ambas dimensiones —el arrojo militar excepcional al servicio de la causa republicana y la crueldad de ciertos episodios bajo su mando— forman parte inseparable de la biografía histórica de Campo Elías, y ninguna investigación seria puede hoy reducirlo a una sola de ellas.

Existe, además, al menos un libro dedicado enteramente a su figura —Vicente Campo Elías, Gloria de la Patria, del autor merideño Humberto Silva Cubillán—, así como diversas monografías académicas elaboradas en el ámbito universitario merideño que continúan revisando su biografía a la luz de nuevas fuentes documentales.

Conclusiones

La vida de Vicente Campo Elías condensa, quizás como pocas otras, las contradicciones y la violencia extrema de la primera etapa de la independencia venezolana. Español de nacimiento, comerciante próspero y funcionario colonial respetado en Trujillo y Mérida, terminó convertido —por matrimonio, por convicción política y por las circunstancias de una guerra que no dejó término medio— en uno de los jefes militares más temidos y más leales de la causa republicana, hasta el punto de jurar el exterminio de los suyos. Su actuación en Niquitao, Los Horcones, Bárbula, Las Trincheras, Mosquiteros, Araure, La Victoria y San Mateo lo sitúan entre los oficiales más destacados de la Campaña Admirable y de la Segunda República; su conducta en Calabozo, en cambio, lo sitúa también entre los responsables de algunos de los episodios más sangrientos de la guerra a muerte. Murió en 1814 en el hospital de campaña de San Mateo, dejando una viuda y cinco hijos en el desamparo, un nombre honrado por la pluma del propio Bolívar, y un legado que la historiografía venezolana continúa, con toda razón, revisando y matizando.


 

Bibliografía y Referencias

Fuentes primarias y documentos de archivo

Bolívar, Simón (atribuida inspiración). Necrológica de Vicente Campo Elías, firmada por Antonio Muñoz Tébar, Gaceta de Caracas, 1814. Archivo del Libertador: http://www.archivodellibertador.gob.ve/escritos/buscador/spip.php?article534.

Bolívar, Simón. Carta a Antonio Ignacio Rodríguez Picón, Cuartel General de Araure, 25 de julio de 1813.

Bolívar, Simón. Orden de asignación de 200 pesos a la viuda de Campo Elías, 1820. Archivo del Libertador: http://www.archivodellibertador.gob.ve/escritos/buscador/spip.php?article8186.

Bolívar, Simón. Respuesta a la solicitud de Martina Picón, 1821. Archivo del Libertador.

Picón, Martina. Carta al Libertador Simón Bolívar, Mérida, 23 de julio de 1821. Archivo del Libertador: http://www.archivodellibertador.gob.ve/escritos/buscador/spip.php?article11896.

Documento 434. Proclama de Bolívar a los soldados patriotas, Valencia, 9 de octubre de 1813. Archivo del Libertador: https://archivodellibertador.gob.ve/archlib/web/index.php/site/documento?id=10677.

Febres Cordero, Tulio. Clave histórica de Mérida. Mérida: El Lápiz, 1930. Edición digital, SERBIULA, Universidad de Los Andes: http://www.serbi.ula.ve/serbiula/librose/pva/Libros%20de%20PVA%20para%20libro%20digital/clavehistomerida.pdf.

Diccionarios y enciclopedias

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"Mérida". Diccionario de Historia de Venezuela (BiblioFEP), Fundación Empresas Polar. https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/dhv/entradas/m/merida/.

"Mosquitero, batalla de". Diccionario de Historia de Venezuela (BiblioFEP), Fundación Empresas Polar. https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/dhv/entradas/m/mosquitero-batalla-de/.

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"Campaña Admirable". Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Campaña_Admirable.

Artículos, monografías y crónicas de investigación histórica

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"Muere Vicente Campo Elías". Ministerio del Poder Popular para la Cultura. https://www.mincultura.gob.ve/eventos/muere-vicente-campo-elias/.

"En 1814 falleció Vicente Campos Elías: Oficial español que luchó por la independencia de Venezuela". PSUV. http://www.psuv.org.ve/temas/noticias/1814-fallecio-vicente-campos-elias-oficial-espanol-que-lucho-por-independencia-venezuela/.

Antequera, Ricardo. "Campo Elías se incorporó a la Junta Patriótica...". Presidencia de la República de Venezuela, 17 de marzo de 2022. https://presidencia.gob.ve/Site/Web/Principal/paginas/classMostrarEvento3.php?id_evento=20551.

"[17 de marzo] Un día como hoy en 1814, murió el patriota venezolano Juan Vicente Campo Elías". Colombia Informa. https://www.colombiainforma.info/17-de-marzo-un-dia-como-hoy-en-1814-murio-el-patriota-venezolano-juan-vicente-campo-elias/.

"17 de marzo: Muere Vicente Campo Elías". Efemérides Venezolanas (blog). https://efemeridesvenezolanas.wordpress.com/2020/03/17/5159/.

"Un 17 de marzo muere Vicente Campo Elías". UNELLEZ. https://unellez.edu.ve/noticias/index.php?idCont=6206.



[1]Vicente Campo Elías, en Wikipedia, la enciclopedia libre, https://es.wikipedia.org/wiki/Vicente_Campo_Elías.

[2]Kiko Perozo, "Campo Elías: su vida y muerte, y los sufrimientos de su familia", La Historia 200 (blog), 17 de marzo de 2021, http://lahistoria200.blogspot.com/2021/03/campo-elias-su-vida-y-muerte-y-los.html.

 [6]Haiman El Troudi, "Vicente Campo Elías, prócer de firme lealtad a su patria adoptiva", 12 de marzo de 2025, https://haimaneltroudi.com/vicente-campo-elias-procer-de-firme-lealtad-a-su-patria-adoptiva/amp/.

[7]Héctor Bencomo Barrios, "Campo Elías, Vicente", Diccionario de Historia de Venezuela (BiblioFEP), Fundación Empresas Polar, https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/dhv/entradas/c/campo-elias-vicente/.

 [12]Sonia Verenzuela T., "Juan Vicente Campo Elías", Venezuela e Historia (blog), http://venezuelaehistoria.blogspot.com/2016/03/juan-vicente-campo-elias.html; cita a Bernardo Celis Parra, Mérida ciudad de águilas, 1994.

[13]"Mérida", Diccionario de Historia de Venezuela (BiblioFEP), Fundación Empresas Polar, https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/dhv/entradas/m/merida/.

[14]Tulio Febres Cordero, Clave histórica de Mérida, Mérida: El Lápiz, 1930; edición digital, SERBIULA, Universidad de Los Andes, http://www.serbi.ula.ve/serbiula/librose/pva/Libros%20de%20PVA%20para%20libro%20digital/clavehistomerida.pdf. Incluye la nómina completa de la Junta Patriótica de Mérida de 1810, de la cual formó parte Campo Elías.

 [18]Roberto Picón Parra (1988), citado en Coronel Vicente Campo Elías 1772-1814, monografía, Monografias.com, https://www.monografias.com/trabajos109/coronel-vicente-campo-elias-1772-1814/coronel-vicente-campo-elias-1772-1814.

[19]Necrológica de Vicente Campo Elías, firmada por Antonio Muñoz Tébar (atribuida en su inspiración a Simón Bolívar), publicada en la Gaceta de Caracas, reproducida en el Archivo del Libertador, http://www.archivodellibertador.gob.ve/escritos/buscador/spip.php?article534; citada en Kiko Perozo, ob. cit.

 

 

[21]"17/03/1814 | Juan Vicente Campo Elías", Portal Alba, https://portalalba.org/temas/historia/revolucionarios/17-03-1814-juan-vicente-campo-elias/.

 [25]Néstor Abad Sánchez, "Conversatorio Bolívar en Mérida, 18 días para la historia (I)", Aporrea, 23 de mayo de 2022, https://www.aporrea.org/actualidad/a312553.html, sobre la incorporación de Campo Elías y el contingente merideño a la Campaña Admirable.

 [32]Vicente Campo Elías, Wikipedia, ob. cit., sobre las batallas de Bárbula y Las Trincheras y el ascenso a teniente coronel.

 [34]Vicente Campo Elías, Wikipedia, ob. cit., sobre el juramento de exterminio referido por diversos cronistas.

 [36]"Mosquitero, batalla de", Diccionario de Historia de Venezuela (BiblioFEP), Fundación Empresas Polar, https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/dhv/entradas/m/mosquitero-batalla-de/.

 [38]"Batalla de Mosquiteros: 207 años de la derrota de Boves", Red Radio, 14 de octubre de 2020, https://redradiove.com/batalla-de-mosquiteros-207-anos-de-la-derrota-de-boves/.

[39]"Batalla de Mosquiteros (14 de octubre de 1813)", Venelogía, https://www.venelogia.com/archivos/7711/.

 [41]Vicente Lecuna, citado en Batalla de Mosquiteros, Wikipedia, ob. cit.; y en Haiman El Troudi, ob. cit.

 [44]Batalla de Mosquiteros, Wikipedia, ob. cit., sobre la matanza de Calabozo y la estimación de Felipe Hernández.

 [47]Simón Bolívar, carta a Antonio Ignacio Rodríguez Picón, Cuartel General de Araure, 25 de julio de 1813, citada en Coronel Vicente Campo Elías 1772-1814, ob. cit.

 [56]"En 1814 falleció Vicente Campos Elías: Oficial español que luchó por la independencia de Venezuela", PSUV, http://www.psuv.org.ve/temas/noticias/1814-fallecio-vicente-campos-elias-oficial-espanol-que-lucho-por-independencia-venezuela/.

 [61]Simón Bolívar, orden de asignación de 200 pesos a la viuda de Campo Elías, 1820, Archivo del Libertador, http://www.archivodellibertador.gob.ve/escritos/buscador/spip.php?article8186; citada en Kiko Perozo, ob. cit.

[62]Martina Picón, carta al Libertador Simón Bolívar, Mérida, 23 de julio de 1821, Archivo del Libertador, http://www.archivodellibertador.gob.ve/escritos/buscador/spip.php?article11896; citada en Kiko Perozo, ob. cit.

[63]Simón Bolívar, respuesta a la solicitud de Martina Picón, 1821, Archivo del Libertador, citada en Kiko Perozo, ob. cit.

 [66]Municipio Campo Elías (Mérida), en Wikipedia, la enciclopedia libre, https://es.wikipedia.org/wiki/Municipio_Campo_Elías_(Mérida).


Te pedimos que al hacer citas en traabjos propios citar con Autoría del Licenciado Freddy Sánchez y El Blog Crónicas de Mérida.

martes, 7 de julio de 2026

EL TERREMOTO DEL JUEVES SANTO EN MÉRIDA

26 de marzo de 1812 — Provincia de Mérida

 1. Introducción

El 26 de marzo de 1812, Jueves Santo, un violento sismo sacudió buena parte del territorio de la Capitanía General de Venezuela, arrasando ciudades como Caracas, La Guaira, Barquisimeto, San Felipe y, con particular fuerza, la ciudad de Mérida, capital de su provincia. El evento ocurrió en pleno proceso de la Guerra de Independencia, apenas dos años después de la formación de la Junta que depuso a las autoridades realistas, y se convirtió en uno de los episodios más determinantes —y más controvertidos— de la historia sísmica y política de Venezuela.

Este trabajo reúne, a partir de fuentes académicas (principalmente de la Universidad de Los Andes), archivos eclesiásticos, crónicas de la época, prensa y publicaciones divulgativas, una revisión exhaustiva de lo ocurrido en la provincia de Mérida: sus efectos materiales y humanos, las personas de la época que resultaron afectadas, la actitud religiosa y social de la población, la reacción de las autoridades y del clero, las consecuencias políticas y militares del desastre, y las leyendas populares que, más de dos siglos después, todavía se narran en el imaginario merideño.

Como se advertirá a lo largo del documento, el terremoto de 1812 en Mérida sigue siendo objeto de debate académico: la escasez y fragmentación de las fuentes primarias, sumadas al uso político que se le dio en su momento, generaron versiones contradictorias sobre su magnitud real, su número de víctimas e incluso sobre si se trató de un evento sísmico independiente del ocurrido en Caracas esa misma tarde.

Para 1812, Mérida era una próspera ciudad andina, sede episcopal desde 1778 y centro educativo de la región gracias al Seminario de San Buenaventura, fundado en 1785 por el primer obispo, fray Juan Ramos de Lora. Ese seminario sería, con el tiempo, la semilla de la actual Universidad de Los Andes (ULA).

La provincia había seguido el ejemplo de Caracas: el 16 de septiembre de 1810 depuso a las autoridades del Cabildo realista y conformó una Junta local, a la que se incorporó el sacerdote Mariano de Talavera y Garcés. Fue este mismo clérigo quien redactó la primera Constitución federal de la provincia y firmó el decreto que elevó el Colegio Real de San Buenaventura a la categoría de Universidad, nombrando como su primer rector vitalicio, por juramento, al entonces obispo de Mérida, Santiago Hernández Milanés.

El cuarto obispo de la diócesis, Hernández Milanés, natural de Mieza (Salamanca, España), llevaba más de una década al frente de la diócesis y había iniciado, desde 1805, la construcción de una catedral monumental inspirada en la de Toledo. Aunque de origen español, había llegado a defender el derecho de Venezuela a independizarse, postura que lo distinguía de buena parte del alto clero realista de la época.

En ese ambiente de entusiasmo republicano —pero también de fragilidad institucional, escasez de recursos y un ejército patriota todavía en formación— sobrevino el terremoto, un Jueves Santo, mientras la ciudad se preparaba para los oficios religiosos de Semana Santa.

Según los registros históricos recopilados por el historiador merideño Tulio Febres Cordero, en Mérida los oficios religiosos del Jueves Santo ya habían concluido cuando ocurrió el sismo: el obispo Hernández Milanés se retiraba caminando hacia su palacio, situado a pocas cuadras de la iglesia de San Francisco (que entonces funcionaba como catedral, pues la nueva construcción aún no se terminaba), cuando la tierra tembló con violencia.

Esta secuencia de hechos ha llevado a distintos investigadores —entre ellos el historiador Rogelio Altez— a proponer que el sismo de Mérida pudo no ser simultáneo con el de Caracas: mientras que en la capital el remezón se sintió hacia las 4:07 p.m., en Mérida las misas terminaban recién pasadas las 4:00 p.m., lo que sitúa el sismo andino cerca de las 5:00 p.m., una hora después. De confirmarse, se trataría de dos terremotos distintos y no de un único evento multifocal, como sostenían estudios previos.

3.1 Las hipótesis sobre el epicentro

La comunidad científica no se ha puesto de acuerdo sobre el origen del sismo que devastó a Mérida. Entre las principales teorías destacan:

•          Melchor Centeno Grau (1940) propuso un modelo multifocal con tres epicentros: uno en el mar Caribe (responsable de los daños en Caracas y La Guaira), otro entre San Felipe y Barquisimeto, y un tercero al sur del lago de Maracaibo, en la cordillera andina, causante de la destrucción de Mérida.

•          Günther Fiedler (1961) continuó la tesis de los tres focos y calculó para el epicentro suroccidental de Mérida una intensidad de X y una magnitud aproximada de 7 grados.

•          Cluff y Hansen (1969) sostuvieron, en cambio, que hubo un único epicentro cerca de Mérida, con una intensidad de XI y una magnitud de 8, lo que lo convertiría en el mayor terremoto de la historia venezolana, con una ruptura de hasta 350 km a lo largo de la falla de Boconó.

•          Rogelio Altez (1998), en su artículo “Cronometrización extemporánea. Los sismos del 26 de marzo de 1812 en Caracas y Mérida”, defendió la hipótesis de dos sismos independientes, separados por aproximadamente una hora.

•          Jaime Laffaille y Carlos Ferrer (2003), investigadores del Laboratorio de Geofísica de la Universidad de Los Andes, en su artículo “El terremoto del jueves santo en Mérida: año 1812” (Revista Geográfica Venezolana, ULA), revisaron a fondo la información histórica regional y concluyeron que la destrucción de Mérida no fue tan grave como tradicionalmente se creyó: estiman una intensidad de VII a VIII (bastante menor que la asumida por estudios previos) y una magnitud local de apenas 5,1 a 5,4, asociada posiblemente a la falla del río Albarregas, que atraviesa la ciudad.

Este último trabajo, producido y publicado por la propia Universidad de Los Andes, es hoy la referencia más citada para entender lo ocurrido específicamente en la meseta merideña, y ha sido complementado por otro estudio de los mismos autores, “El terremoto de Mérida de 1812: escudriñando entre las páginas de una novela inconclusa en busca de información acerca de una historia real”, que examina fuentes literarias e indirectas —crónicas, novelas y leyendas— para reconstruir el suceso.

Fuentes: Laffaille, J. y Ferrer, C. (2003). Revista Geográfica Venezolana, ULA; Altez, R. (1998, 2005), Revista Geográfica Venezolana / SciELO Venezuela; Wikipedia “Terremoto de Venezuela de 1812”.

De acuerdo con los testimonios de la época recogidos por Febres Cordero y analizados por Laffaille y Ferrer, el mayor número de víctimas y daños en Mérida se concentró en un solo edificio que colapsó por completo: el templo de San Francisco, donde momentos antes se había celebrado la misa del Jueves Santo. Esta iglesia, además, ya tenía su estructura resentida por un sismo anterior ocurrido en 1786, lo que agravó su vulnerabilidad.

Entre las edificaciones y obras dañadas o destruidas destacan:

•          La iglesia y convento de San Francisco (entonces sede provisional de la catedral), que se derrumbó durante la misa, sepultando a numerosos feligreses.

•          El Palacio Episcopal, cuyos muros se desplomaron sobre el obispo Santiago Hernández Milanés y varios miembros de su comitiva cuando se retiraban tras los oficios religiosos.

•          Los cimientos de la nueva catedral monumental, inspirada en la de Toledo, cuya construcción había iniciado el propio obispo Hernández Milanés en 1805 y que el terremoto redujo a poco más que sus bases; la obra no se retomaría sino hasta 1842, bajo el obispo Juan Hilario Bosset, y no quedaría consagrada hasta 1867.

•          Numerosas viviendas de la ciudad, cuyos escombros —según los registros— bordeaban una línea prácticamente recta asociada a la falla geológica del río Albarregas, que corre por el norte de la meseta merideña.

•          El antiguo Seminario de San Buenaventura (germen de la actual Universidad de Los Andes), ubicado en el mismo talud norte de la ciudad, en la zona de mayor concentración de daños reportados.

•          Poblaciones cercanas: los estudios de Laffaille y Ferrer señalan que la población de Ejido sufrió comparativamente poco, mientras que Tabay, al norte de Mérida, resultó ser el poblado con mayores daños después de la propia capital provincial (un episodio documentado en el artículo “Jueves Santo lo hicieron, Jueves Santo la pagaron: el terremoto de 1812 en Tabay”, de Mayelis Inés Moreno).

A la destrucción inicial se sumaron los efectos de una fuerte réplica registrada el 4 de abril de 1812, apenas nueve días después, que profundizó el pánico y agravó los daños estructurales ya existentes en toda la región afectada por el sismo.

Fuentes: Laffaille, J. y Ferrer, C. (2003, 2005), ULA; “La Catedral de Mérida”, Universidad de Los Andes (saber.ula.ve); Moreno, M. I., “Jueves Santo lo hicieron, Jueves Santo la pagaron”, CISHVIT.

Las cifras de víctimas del terremoto de 1812 en Mérida están entre las más discutidas de toda la historiografía sísmica venezolana, debido a que los relatos de la época mezclaron las bajas del desastre natural con las de los combates de la guerra de independencia, y a que el número total de habitantes de la ciudad en ese momento era, según algunas fuentes, incluso menor que las cifras de muertos que se llegaron a manejar.

Fuente / estimación

Cifra de muertos en Mérida

Observación

Rumor inicial de la época

Hasta 5.000 muertos

Superaba la población total estimada de la ciudad

Creencia contemporánea difundida

Alrededor de 1.500 muertos

Incluía al obispo Hernández Milanés; mezclaba bajas de guerra

Estimaciones históricas más altas

Hasta 5.000 (dentro de un total nacional de ~26.000)

Cifra máxima citada en fuentes del siglo XIX

Estimaciones modernas (revisión histórica)

Cerca de 800 víctimas

Cifra hoy más aceptada por la historiografía crítica

                                                                          

La Wikipedia en español, con base en Rogelio Altez (2006, Universidad Católica Andrés Bello), resume esta disparidad: en Mérida inicialmente se creyó que habían muerto 1.500 personas —incluyendo al cuarto obispo, Santiago Hernández Milanés—, pero muchas bajas de la guerra se confundieron con las del terremoto, llegándose incluso a rumorear hasta 5.000 muertos, cifra mayor que la población total de la ciudad en la época; las estimaciones modernas reducen la cifra a unas 800 víctimas.

La propia página de la Wikipedia sobre la Historia de Mérida (Venezuela) confirma que el sismo “se cobró la vida de más de 800 personas, lo cual fue una merma importante de su población”, y que un sector completo de la ciudad permaneció en ruinas por años, con numerosos antiguos moradores sepultados bajo los escombros de sus propias viviendas.

A nivel de toda la Capitanía General de Venezuela, las cifras totales de fallecidos —sumando Caracas, La Guaira, Barquisimeto, San Felipe y Mérida— oscilan, según los distintos cronistas y estudios, entre 10.000 y 26.000 personas, siendo Caracas la ciudad con el mayor número absoluto de víctimas.

Fuentes: Wikipedia, “Terremoto de Venezuela de 1812” y “Historia de Mérida (Venezuela)”, con base en Altez, R. (2006), El desastre de 1812 en Venezuela, UCAB.

6.1 Monseñor Santiago Hernández Milanés, cuarto obispo de Mérida

La figura más emblemática entre las víctimas del terremoto en Mérida es, sin duda, su propio obispo. Santiago Hernández Milanés (Mieza, España, 1750 – Mérida, 1812) había sido nombrado obispo de Mérida en 1801 por el rey Carlos IV, tras una carrera eclesiástica desarrollada en Salamanca y en distintas parroquias españolas. Descrito por sus contemporáneos como un hombre de mediana estatura, complexión fuerte, tez blanca rosada y trato culto y refinado, fue impulsor de la educación universitaria en la provincia —consiguió, mediante Real Cédula de 1806, el privilegio universitario para el Seminario San Buenaventura— y, según los discursos históricos de la Academia de Mérida, había actuado con prudencia frente a los sucesos revolucionarios de 1810.

El día del terremoto, el obispo entraba a su palacio episcopal luego de concluir los oficios de Semana Santa cuando una viga desprendida del techo lo golpeó junto a otros sacerdotes y seminaristas de su comitiva. Fue enterrado al día siguiente, Viernes Santo, apresuradamente, bajo el pavimento y los escombros de la iglesia de la Orden Tercera de San Francisco. Investigaciones recientes de la Academia de Mérida (discurso de incorporación del Dr. Rosendo Camargo Mora) han intentado incluso reconstruir la ubicación exacta de su tumba a partir del acta de defunción.

“…un terremoto estremeció la ciudad, y una viga, desprendida del techo, lo impactó junto a otros sacerdotes y seminaristas de su comitiva. Simultáneamente, se derrumbó la Iglesia del Pilar de Zaragoza, aplastando bajo su techo y paredes a cientos de feligreses…”  (Academia de Mérida, discurso de Rosendo Camargo Mora, 2025)

Con su muerte, la diócesis de Mérida quedó temporalmente bajo la autoridad del licenciado Francisco Xavier de Irastorza, quien asumió como comisario diocesano y vicario capitular mientras se resolvía la sucesión episcopal.

6.2 Mariano de Talavera y Garcés

Secretario del obispo Hernández Milanés y sacerdote muy activo en la política provincial, Mariano de Talavera y Garcés fue quien, como vocal y luego vicepresidente de la Junta de Mérida, había firmado el decreto de creación de la Universidad y tomado juramento al propio obispo como su rector vitalicio apenas meses antes del sismo. Sobrevivió al terremoto y continuó una larga carrera eclesiástica y política, llegando a ser obispo de Guayana años más tarde.

6.3 Simón Bolívar y la Campaña Admirable

Aunque el terremoto ocurrió en Caracas y Mérida el mismo día, la figura de Simón Bolívar —entonces todavía sin el título de Libertador— está indisolublemente ligada al episodio: frente a los frailes realistas que predicaban que el sismo era un “castigo del cielo” por la rebelión contra Fernando VII, Bolívar habría respondido con la célebre frase “¡Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca!”. Poco más de un año después, el 30 de mayo de 1813, Bolívar llegó a Mérida durante la Campaña Admirable y permaneció allí 18 días; fue precisamente en esa ciudad, aún convaleciente de las ruinas del terremoto, donde recibió por primera vez el título de “Libertador”.

Fuentes: Academia de Mérida, discursos de incorporación (academiademerida.org.ve); Redalyc, “El obispo Hernández Milanés ante la expedición de Miranda”; Wikipedia, “Historia de Mérida (Venezuela)” y “Terremoto de Venezuela de 1812”; Real Academia de la Historia (España), ficha biográfica de Santiago Hernández Milanés.

Los testimonios de la época —tanto en Mérida como en el resto del país— describen un ambiente de pánico colectivo seguido de una intensa religiosidad penitencial. En las plazas públicas se reunían grupos de sobrevivientes que suplicaban de rodillas al cielo, mientras otros removían escombros con las manos para intentar rescatar a familiares y vecinos atrapados, cuyos gemidos de auxilio se escuchaban entre las ruinas.

Las réplicas sísmicas de las horas y días siguientes —una a medianoche del mismo 26 de marzo, otras al día siguiente, y la fuerte réplica del 4 de abril— impidieron que la población recuperara la calma y alimentaron la sensación de estar frente a un castigo sobrenatural.

Diversos cronistas describen procesiones penitenciales espontáneas: mujeres que cambiaron sus vestidos elegantes por trajes humildes en señal de contrición, y hombres que recorrían las calles descalzos, con barbas sin afeitar, ceñidos con una correa, cargando una piedra atada al cuello y cruces de madera a la espalda, subiendo a los cerros cercanos para implorar clemencia divina y besar reliquias de santos. Muchos de los cadáveres rescatados de entre las ruinas, ya en avanzado estado de descomposición, debieron ser quemados en montones para evitar epidemias.

“…hombres y mujeres abandonaban sus vestimentas habituales y recorrían las calles descalzos, portando cruces o reliquias religiosas, convencidos de que la catástrofe constituía un castigo providencial…”  (recogido en crónicas de la época, cit. en Hispanopedia / Wikipedia)

Esta actitud, profundamente marcada por la fe católica y el miedo, resultó decisiva para el desenlace político del desastre: al coincidir la destrucción casi exclusivamente con las ciudades de orientación republicana —Caracas, La Guaira, Mérida, El Tocuyo, San Felipe— mientras que plazas realistas como Coro, Maracaibo o Angostura resultaron prácticamente indemnes, buena parte de la población quedó predispuesta a creer la interpretación que pronto ofrecería el clero afecto a la Corona.

8.1 “La Loca de Ejido”

La leyenda más conocida y perdurable asociada al terremoto de 1812 en la provincia de Mérida es la de “La Loca de Ejido”, transmitida oralmente durante generaciones y recogida hoy en numerosos blogs, portales de folclore venezolano y redes sociales. Es, según los propios recopiladores del relato, una de las pocas leyendas venezolanas con una fecha exacta: el 26 de marzo de 1812, Jueves Santo.

Según la tradición, en la entonces Villa de Ejido vivía un joven llamado Lorenzo, heredero de una considerable fortuna familiar, profundamente enamorado de una muchacha humilde llamada Marta. Ambas familias aprobaban la relación y hacían planes de boda. Un día, Lorenzo debió viajar a Mérida junto a su madre; Marta no pudo acompañarlos porque debía cuidar de su propia madre enferma. Fue durante ese viaje cuando ocurrió el terremoto: la tierra se estremeció, los edificios se derrumbaron y una espesa nube de polvo cubrió la ciudad, mientras la multitud aterrorizada se refugiaba en las plazas implorando misericordia.

Al enterarse de la tragedia, Marta corrió hacia Mérida —perdiendo sus sandalias y con el cabello suelto en su desesperación— y, al llegar entre los escombros, encontró a la madre de Lorenzo sentada sobre las ruinas, con la mirada perdida: bajo ellas yacía el cuerpo de su prometido. Desde entonces, cuenta la leyenda, cada Semana Santa se aparece por las calles de Mérida una mujer joven de mirada extraviada, seguida por un grupo de niños, en la que muchos reconocen a la propia Marta, enloquecida por el dolor de su pérdida.

“Después de ese día, todos los años, en semana santa, se veía una mujer recorriendo las calles de Mérida, seguida por un grupo de niños. Era joven, pero en su rostro se reflejaba locura, hambre y dolor.”  (recopilación de la leyenda “La Loca de Ejido”, blogs de mitos y leyendas venezolanas)

La leyenda circula hoy activamente en internet: aparece narrada en blogs especializados en mitos urbanos venezolanos, en compilaciones de “leyendas venezolanas más populares”, en plataformas de relatos como Wattpad, e incluso en videos virales de TikTok que la presentan como una historia “entre el mito y la verdad”, dado su anclaje en un hecho histórico documentado.

8.2 Otras narrativas y crónicas noveladas

Investigadores de la propia Universidad de Los Andes han señalado que buena parte de la información sobre lo ocurrido en Mérida durante el terremoto quedó registrada no en documentos oficiales, sino dispersa en escritos de políticos, militares, religiosos, cuentistas y novelistas de la época y de décadas posteriores. El artículo de Laffaille y Ferrer, significativamente titulado “El terremoto de Mérida de 1812: escudriñando entre las páginas de una novela inconclusa en busca de información acerca de una historia real”, hace explícito este cruce entre historia documental y relato literario, y menciona expresamente la leyenda de “La Loca de Ejido” como una de las narrativas surgidas de la fecha aciaga.

En esta misma línea, otros trabajos recientes —como el de Mayelis Inés Moreno sobre el poblado de Tabay, titulado con el elocuente juego de palabras “Jueves Santo lo hicieron, Jueves Santo la pagaron”— reflejan cómo la memoria popular andina asoció el sismo con una suerte de justicia o designio providencial, en sintonía con la interpretación religiosa dominante en la época.

Fuentes: mitosurbanosve.blogspot.com; wildhunt.org (Alan D.D., columnas sobre folclore venezolano); lifeder.com, “Las 18 leyendas y mitos venezolanos más populares”; Laffaille, J. y Ferrer, C., ResearchGate/Redalyc, ULA; Moreno, M. I., CISHVIT, Revista Haciendo Memoria N.º 6.

La respuesta institucional al desastre estuvo marcada por la debilidad de una Primera República apenas consolidada, sin recursos suficientes y en medio de una guerra abierta. En Caracas, las autoridades republicanas se reunieron de emergencia en la plaza frente a la Catedral para decretar medidas de urgencia: atención a los damnificados, orden público y la quema de cadáveres en estado de descomposición para prevenir epidemias; en Valencia, el gobierno federal instalado llamó a la calma mediante proclama y aplicó la ley marcial contra quienes saqueaban las ruinas.

En Mérida, con la muerte del obispo y buena parte de la jerarquía eclesiástica diezmada, el vacío de autoridad religiosa recayó en el licenciado Francisco Xavier de Irastorza como comisario diocesano. La provincia, que apenas año y medio antes había instaurado su propia Junta de gobierno, debió enfrentar simultáneamente la reconstrucción material, la crisis de autoridad eclesiástica y el deterioro del esfuerzo bélico patriota.

9.1 El uso político del desastre por el bando realista

El hecho de que la destrucción se concentrara casi exclusivamente en ciudades de orientación republicana —Caracas, La Guaira, Mérida, El Tocuyo, San Felipe— mientras que las plazas leales a la Corona (Coro, Maracaibo, Angostura) resultaron relativamente indemnes, fue aprovechado hábilmente por frailes y sacerdotes realistas, quienes predicaron que se trataba de un “castigo del cielo” por la insubordinación contra el rey Fernando VII. El arzobispo de Caracas, Narciso Coll y Prat, calificó el suceso como el “terremoto pavoroso pero merecido”, y reforzó esta interpretación cuando las tropas realistas de Domingo de Monteverde reconquistaron Caracas meses después.

El propio Monteverde reconoció el efecto favorable del desastre para su causa: “...a esto se agrega el asombro que ha causado á todos los vecinos las grandes desgracias que el terremoto del 26 ha causado en los pueblos...”. Numerosas guarniciones patriotas, diezmadas por el sismo, se rindieron sin apenas resistencia durante su avance de reconquista desde Coro.

9.2 La respuesta patriota

Frente a la interpretación providencialista, los líderes republicanos —encabezados simbólicamente por Bolívar— rechazaron la lectura religiosa del desastre e insistieron en su carácter puramente natural. Sin embargo, la fragilidad militar y económica de la Primera República —con las arcas prácticamente vacías tras el fracaso de la Campaña de Coro y la posterior emisión descontrolada de papel moneda— hizo que el argumento providencialista calara profundamente entre una población atemorizada, contribuyendo de forma decisiva a la posterior capitulación de la Primera República en julio de 1812.

9.3 Ayuda internacional

Entre las primeras muestras de solidaridad exterior registradas ante la catástrofe estuvo la del Congreso de los Estados Unidos, reunido en Washington, que decretó por unanimidad el envío de cinco buques cargados de harina hacia las costas venezolanas, destinados a distribuirse entre los habitantes más necesitados tras el desastre.

Fuentes: Wikipedia, “Terremoto de Venezuela de 1812” (con cita de fuentes primarias: Narciso Coll y Prat, Domingo de Monteverde); El Nacional, “A 210 años del terremoto de 1812” (26-03-2022); El Impulso, “Pensar el terremoto de 1812… 200 años después” (Pedro Rodríguez Rojas, 2012), con base en Laffaille y Ferrer, ULA.

10.1 Consecuencias políticas y militares

El terremoto de 1812 es considerado por buena parte de la historiografía venezolana como uno de los factores decisivos —aunque no el único— en el colapso de la Primera República. La destrucción de cuarteles y la muerte de numerosos soldados y oficiales patriotas, unida al golpe moral que significó la interpretación providencialista del desastre, debilitó gravemente la capacidad de resistencia republicana justo cuando Domingo de Monteverde avanzaba desde Coro. La Primera República capitularía escasos meses después, en julio de 1812.

Para la provincia de Mérida en particular, la pérdida de su obispo y de buena parte de su infraestructura institucional (Palacio Episcopal, sede catedralicia, seminario) representó un golpe profundo justo cuando la naciente Universidad Emeritense —erigida apenas meses antes— comenzaba a dar sus primeros pasos bajo el rectorado del propio obispo fallecido.

10.2 Consecuencias urbanísticas y patrimoniales

La reconstrucción de la infraestructura religiosa de Mérida se prolongó por décadas: la nueva catedral, iniciada en 1805 y destruida en sus cimientos por el sismo de 1812, no fue retomada sino hasta 1842 por el obispo Juan Hilario Bosset, y no quedó consagrada hasta 1867 —más de medio siglo después del desastre original—. Además, el nuevo templo volvería a sufrir daños considerables en el posterior Gran Terremoto de los Andes de 1894.

Un sector completo de la ciudad permaneció en ruinas durante años tras el sismo, con numerosos antiguos moradores sepultados bajo los escombros de sus propias viviendas, según recogen crónicas de viajeros de la época citadas en la historiografía sobre Mérida.

10.3 Consecuencias económicas y sociales

A los daños materiales directos se sumaron la escasez de víveres, los incendios y las enfermedades derivadas del hacinamiento y la insalubridad tras el desastre, factores que —según diversas fuentes— continuaron cobrando vidas semanas después del sismo principal. La crisis económica general de la Primera República, agravada por la necesidad de financiar el esfuerzo bélico, se tradujo en una espiral inflacionaria que afectó a toda la provincia.

10.4 Consecuencias en la memoria histórica y sísmica

El terremoto de 1812 se convirtió en un hito de referencia para la sismología histórica venezolana: sirvió de base comparativa para estudiar el posterior Gran Terremoto de los Andes de 1894, y continúa siendo objeto de estudios paleosísmicos sobre la falla de Boconó y la falla del Albarregas, ambas de relevancia directa para la evaluación del riesgo sísmico actual en la región andina.

Fuentes: Wikipedia, “Terremoto de Venezuela de 1812” e “Historia de Mérida (Venezuela)”; Universidad de Los Andes, “La Catedral de Mérida” (saber.ula.ve); Laffaille y Ferrer (2003, 2005), ULA.

La Universidad de Los Andes, a través de su Laboratorio de Geofísica y de su Revista Geográfica Venezolana, ha sido la institución que con mayor rigor ha revisado el terremoto de 1812 específicamente en su impacto sobre la provincia de Mérida. Los trabajos de los profesores Jaime Laffaille y Carlos Ferrer —“El terremoto del jueves santo en Mérida: año 1812” (2003) y “El terremoto de Mérida de 1812: escudriñando entre las páginas de una novela inconclusa…” (2005)— constituyen las referencias obligadas sobre el tema, disponibles en el repositorio institucional Saber ULA (saber.ula.ve) y en la plataforma de revistas académicas de la propia universidad (erevistas.saber.ula.ve).

Estos estudios han permitido, entre otros aportes: relocalizar el posible epicentro del sismo merideño, revisar a la baja tanto su magnitud como el número de víctimas tradicionalmente aceptado, identificar el papel de la falla del Albarregas en los daños urbanos, y poner en contexto crítico las fuentes literarias y legendarias —como “La Loca de Ejido”— que durante dos siglos alimentaron la memoria popular sobre el desastre.

Asimismo, la Academia de Mérida —institución cultural vinculada a la vida intelectual de la ciudad— ha producido discursos de incorporación dedicados específicamente a figuras como el obispo Santiago Hernández Milanés, aportando información de archivo sobre su vida, su obra y las circunstancias exactas de su muerte y sepultura.

El terremoto del Jueves Santo de 1812 constituye, para la provincia de Mérida, mucho más que un episodio sísmico: fue un punto de quiebre que se llevó consigo a su máxima autoridad eclesiástica, truncó el sueño de una gran catedral, diezmó a su población, alimentó una intensa ola de religiosidad penitencial, sirvió de argumento político decisivo para el bando realista y quedó grabado en la memoria popular a través de leyendas —como la de “La Loca de Ejido”— que perduran hasta hoy en blogs, redes sociales y la tradición oral andina.

A más de dos siglos de distancia, la revisión crítica adelantada por investigadores de la Universidad de Los Andes ha permitido matizar muchas de las cifras y narrativas heredadas de la época, sin restarle al episodio su carácter de hito fundacional en la historia sísmica, política y cultural de Mérida y de Venezuela.

Publicaciones académicas y de la Universidad de Los Andes (ULA)

Laffaille, J. y Ferrer, C. (2003). “El terremoto del jueves santo en Mérida: año 1812”. Revista Geográfica Venezolana, 44(1), 107-123. erevistas.saber.ula.ve / Dialnet.

Laffaille, J. y Ferrer, C. (2005). “El terremoto de Mérida de 1812: escudriñando entre las páginas de una novela inconclusa en busca de información acerca de una historia real”. Redalyc / ResearchGate.

Universidad de Los Andes. “La Catedral de Mérida” (monografía sobre la Plaza Bolívar y la Catedral). saber.ula.ve.

Altez, R. (1998). “Cronometrización extemporánea. Los sismos del 26 de marzo de 1812 en Caracas y Mérida”. Revista Geográfica Venezolana, ULA.

Altez, R. (2005). “Los sismos del 26 de marzo de 1812 en Venezuela: nuevos aportes y evidencias sobre estos eventos”. Revista Geográfica Venezolana / SciELO Venezuela.

Altez, R. (2006). El desastre de 1812 en Venezuela: sismos, vulnerabilidades y una patria no tan boba. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello.

Moreno, M. I. “Jueves Santo lo hicieron, Jueves Santo la pagaron: el terremoto de 1812 en Tabay”. Revista Haciendo Memoria N.º 6, CISHVIT.

Archivos, academias e instituciones

Academia de Mérida. “Ubicación de la tumba del obispo monseñor Santiago Hernández Milanés”. Discurso de incorporación del Dr. Rosendo Camargo Mora (2025). academiademerida.org.ve.

Duque, H. “El obispo Hernández Milanés ante la expedición de Miranda”. Boletín del Archivo Arquidiocesano de Mérida / Redalyc.

Real Academia de la Historia (España). Ficha biográfica de Santiago Hernández Milanés. dbe.rah.es.

Prensa y medios digitales

El Nacional (26-03-2022). “A 210 años del terremoto de 1812”.

El Impulso (27-03-2012 y 26-02-2020). “Pensar el terremoto de 1812… 200 años después” y “El tenebroso terremoto del 26 de marzo de 1812”.

La Razón (2026). “Los Bolívar Palacios y el terremoto de 1812 / Biografía XIII”.

FUNVISIS (Portal Sismológico de Venezuela). “214 años del Terremoto de Venezuela”.

Enciclopedias, blogs y redes sociales

Wikipedia en español. “Terremoto de Venezuela de 1812”, “Historia de Mérida (Venezuela)”, “Anexo: Terremotos en Venezuela”.

mitosurbanosve.blogspot.com. “Mitos Urbanos: La Loca de Ejido”.

wildhunt.org (Alan D.D.). “La Loca de Ejido: Dependencia, Muerte y Demencia”.

lifeder.com. “Las 18 leyendas y mitos venezolanos más populares”.

Wattpad y relatoscortos.org. Versiones populares de la leyenda “La Loca de Ejido”.

TikTok (@unajevadevenezuela). Video divulgativo sobre “La Loca de Ejido”.

Nota metodológica: dada la antigüedad del evento y la escasez de fuentes primarias directas, las cifras de víctimas y las hipótesis sobre el epicentro varían según el autor y la época de publicación; este trabajo presenta las distintas versiones documentadas, señalando cuáles cuentan hoy con mayor respaldo académico. 

Te pedimos que al hacer citas en traabjos propios citar con Autoría del Licenciado Freddy Sánchez y El Blog Crónicas de Mérida.

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