26 de marzo de 1812 — Provincia de Mérida
El 26 de marzo de 1812,
Jueves Santo, un violento sismo sacudió buena parte del territorio de la
Capitanía General de Venezuela, arrasando ciudades como Caracas, La Guaira,
Barquisimeto, San Felipe y, con particular fuerza, la ciudad de Mérida, capital
de su provincia. El evento ocurrió en pleno proceso de la Guerra de
Independencia, apenas dos años después de la formación de la Junta que depuso a
las autoridades realistas, y se convirtió en uno de los episodios más
determinantes —y más controvertidos— de la historia sísmica y política de
Venezuela.
Este trabajo reúne, a
partir de fuentes académicas (principalmente de la Universidad de Los Andes),
archivos eclesiásticos, crónicas de la época, prensa y publicaciones
divulgativas, una revisión exhaustiva de lo ocurrido en la provincia de Mérida:
sus efectos materiales y humanos, las personas de la época que resultaron
afectadas, la actitud religiosa y social de la población, la reacción de las
autoridades y del clero, las consecuencias políticas y militares del desastre,
y las leyendas populares que, más de dos siglos después, todavía se narran en
el imaginario merideño.
Como se advertirá a lo
largo del documento, el terremoto de 1812 en Mérida sigue siendo objeto de
debate académico: la escasez y fragmentación de las fuentes primarias, sumadas
al uso político que se le dio en su momento, generaron versiones contradictorias
sobre su magnitud real, su número de víctimas e incluso sobre si se trató de un
evento sísmico independiente del ocurrido en Caracas esa misma tarde.
Para 1812, Mérida era una
próspera ciudad andina, sede episcopal desde 1778 y centro educativo de la
región gracias al Seminario de San Buenaventura, fundado en 1785 por el primer
obispo, fray Juan Ramos de Lora. Ese seminario sería, con el tiempo, la semilla
de la actual Universidad de Los Andes (ULA).
La provincia había
seguido el ejemplo de Caracas: el 16 de septiembre de 1810 depuso a las
autoridades del Cabildo realista y conformó una Junta local, a la que se
incorporó el sacerdote Mariano de Talavera y Garcés. Fue este mismo clérigo
quien redactó la primera Constitución federal de la provincia y firmó el
decreto que elevó el Colegio Real de San Buenaventura a la categoría de
Universidad, nombrando como su primer rector vitalicio, por juramento, al
entonces obispo de Mérida, Santiago Hernández Milanés.
El cuarto obispo de la
diócesis, Hernández Milanés, natural de Mieza (Salamanca, España), llevaba más
de una década al frente de la diócesis y había iniciado, desde 1805, la
construcción de una catedral monumental inspirada en la de Toledo. Aunque de
origen español, había llegado a defender el derecho de Venezuela a
independizarse, postura que lo distinguía de buena parte del alto clero
realista de la época.
En ese ambiente de
entusiasmo republicano —pero también de fragilidad institucional, escasez de recursos
y un ejército patriota todavía en formación— sobrevino el terremoto, un Jueves
Santo, mientras la ciudad se preparaba para los oficios religiosos de Semana
Santa.
Según los registros
históricos recopilados por el historiador merideño Tulio Febres Cordero, en
Mérida los oficios religiosos del Jueves Santo ya habían concluido cuando
ocurrió el sismo: el obispo Hernández Milanés se retiraba caminando hacia su
palacio, situado a pocas cuadras de la iglesia de San Francisco (que entonces
funcionaba como catedral, pues la nueva construcción aún no se terminaba),
cuando la tierra tembló con violencia.
Esta secuencia de hechos
ha llevado a distintos investigadores —entre ellos el historiador Rogelio
Altez— a proponer que el sismo de Mérida pudo no ser simultáneo con el de
Caracas: mientras que en la capital el remezón se sintió hacia las 4:07 p.m.,
en Mérida las misas terminaban recién pasadas las 4:00 p.m., lo que sitúa el
sismo andino cerca de las 5:00 p.m., una hora después. De confirmarse, se
trataría de dos terremotos distintos y no de un único evento multifocal, como
sostenían estudios previos.
3.1
Las hipótesis sobre el epicentro
La comunidad científica
no se ha puesto de acuerdo sobre el origen del sismo que devastó a Mérida.
Entre las principales teorías destacan:
•
Melchor Centeno Grau
(1940) propuso un modelo multifocal con tres epicentros: uno en el mar Caribe
(responsable de los daños en Caracas y La Guaira), otro entre San Felipe y
Barquisimeto, y un tercero al sur del lago de Maracaibo, en la cordillera
andina, causante de la destrucción de Mérida.
•
Günther Fiedler (1961)
continuó la tesis de los tres focos y calculó para el epicentro suroccidental
de Mérida una intensidad de X y una magnitud aproximada de 7 grados.
•
Cluff y Hansen (1969)
sostuvieron, en cambio, que hubo un único epicentro cerca de Mérida, con una
intensidad de XI y una magnitud de 8, lo que lo convertiría en el mayor
terremoto de la historia venezolana, con una ruptura de hasta 350 km a lo largo
de la falla de Boconó.
•
Rogelio Altez (1998), en
su artículo “Cronometrización extemporánea. Los sismos del 26 de marzo de 1812
en Caracas y Mérida”, defendió la hipótesis de dos sismos independientes,
separados por aproximadamente una hora.
•
Jaime Laffaille y Carlos
Ferrer (2003), investigadores del Laboratorio de Geofísica de la Universidad de
Los Andes, en su artículo “El terremoto del jueves santo en Mérida: año 1812”
(Revista Geográfica Venezolana, ULA), revisaron a fondo la información
histórica regional y concluyeron que la destrucción de Mérida no fue tan grave
como tradicionalmente se creyó: estiman una intensidad de VII a VIII (bastante
menor que la asumida por estudios previos) y una magnitud local de apenas 5,1 a
5,4, asociada posiblemente a la falla del río Albarregas, que atraviesa la
ciudad.
Este último trabajo,
producido y publicado por la propia Universidad de Los Andes, es hoy la
referencia más citada para entender lo ocurrido específicamente en la meseta
merideña, y ha sido complementado por otro estudio de los mismos autores, “El
terremoto de Mérida de 1812: escudriñando entre las páginas de una novela
inconclusa en busca de información acerca de una historia real”, que examina
fuentes literarias e indirectas —crónicas, novelas y leyendas— para reconstruir
el suceso.
Fuentes: Laffaille, J. y Ferrer, C. (2003). Revista Geográfica
Venezolana, ULA; Altez, R. (1998, 2005), Revista Geográfica Venezolana / SciELO
Venezuela; Wikipedia “Terremoto de Venezuela de 1812”.
De acuerdo con los
testimonios de la época recogidos por Febres Cordero y analizados por Laffaille
y Ferrer, el mayor número de víctimas y daños en Mérida se concentró en un solo
edificio que colapsó por completo: el templo de San Francisco, donde momentos
antes se había celebrado la misa del Jueves Santo. Esta iglesia, además, ya
tenía su estructura resentida por un sismo anterior ocurrido en 1786, lo que
agravó su vulnerabilidad.
Entre las edificaciones y
obras dañadas o destruidas destacan:
•
La iglesia y convento de
San Francisco (entonces sede provisional de la catedral), que se derrumbó
durante la misa, sepultando a numerosos feligreses.
•
El Palacio Episcopal,
cuyos muros se desplomaron sobre el obispo Santiago Hernández Milanés y varios
miembros de su comitiva cuando se retiraban tras los oficios religiosos.
•
Los cimientos de la
nueva catedral monumental, inspirada en la de Toledo, cuya construcción había
iniciado el propio obispo Hernández Milanés en 1805 y que el terremoto redujo a
poco más que sus bases; la obra no se retomaría sino hasta 1842, bajo el obispo
Juan Hilario Bosset, y no quedaría consagrada hasta 1867.
•
Numerosas viviendas de
la ciudad, cuyos escombros —según los registros— bordeaban una línea
prácticamente recta asociada a la falla geológica del río Albarregas, que corre
por el norte de la meseta merideña.
•
El antiguo Seminario de
San Buenaventura (germen de la actual Universidad de Los Andes), ubicado en el
mismo talud norte de la ciudad, en la zona de mayor concentración de daños
reportados.
•
Poblaciones cercanas:
los estudios de Laffaille y Ferrer señalan que la población de Ejido sufrió
comparativamente poco, mientras que Tabay, al norte de Mérida, resultó ser el
poblado con mayores daños después de la propia capital provincial (un episodio
documentado en el artículo “Jueves Santo lo hicieron, Jueves Santo la pagaron:
el terremoto de 1812 en Tabay”, de Mayelis Inés Moreno).
A la destrucción inicial
se sumaron los efectos de una fuerte réplica registrada el 4 de abril de 1812,
apenas nueve días después, que profundizó el pánico y agravó los daños
estructurales ya existentes en toda la región afectada por el sismo.
Fuentes: Laffaille, J. y Ferrer, C. (2003, 2005), ULA; “La
Catedral de Mérida”, Universidad de Los Andes (saber.ula.ve); Moreno, M. I.,
“Jueves Santo lo hicieron, Jueves Santo la pagaron”, CISHVIT.
Las cifras de víctimas
del terremoto de 1812 en Mérida están entre las más discutidas de toda la
historiografía sísmica venezolana, debido a que los relatos de la época
mezclaron las bajas del desastre natural con las de los combates de la guerra
de independencia, y a que el número total de habitantes de la ciudad en ese
momento era, según algunas fuentes, incluso menor que las cifras de muertos que
se llegaron a manejar.
|
Fuente / estimación |
Cifra de muertos en Mérida |
Observación |
|
Rumor inicial de la época |
Hasta 5.000 muertos |
Superaba la población total
estimada de la ciudad |
|
Creencia contemporánea difundida |
Alrededor de 1.500 muertos |
Incluía al obispo Hernández
Milanés; mezclaba bajas de guerra |
|
Estimaciones históricas más
altas |
Hasta 5.000 (dentro de un total
nacional de ~26.000) |
Cifra máxima citada en fuentes
del siglo XIX |
|
Estimaciones modernas (revisión
histórica) |
Cerca de 800 víctimas |
Cifra hoy más aceptada por la
historiografía crítica |
La Wikipedia en español,
con base en Rogelio Altez (2006, Universidad Católica Andrés Bello), resume
esta disparidad: en Mérida inicialmente se creyó que habían muerto 1.500
personas —incluyendo al cuarto obispo, Santiago Hernández Milanés—, pero muchas
bajas de la guerra se confundieron con las del terremoto, llegándose incluso a
rumorear hasta 5.000 muertos, cifra mayor que la población total de la ciudad
en la época; las estimaciones modernas reducen la cifra a unas 800 víctimas.
La propia página de la
Wikipedia sobre la Historia de Mérida (Venezuela) confirma que el sismo “se
cobró la vida de más de 800 personas, lo cual fue una merma importante de su
población”, y que un sector completo de la ciudad permaneció en ruinas por
años, con numerosos antiguos moradores sepultados bajo los escombros de sus propias
viviendas.
A nivel de toda la
Capitanía General de Venezuela, las cifras totales de fallecidos —sumando
Caracas, La Guaira, Barquisimeto, San Felipe y Mérida— oscilan, según los
distintos cronistas y estudios, entre 10.000 y 26.000 personas, siendo Caracas
la ciudad con el mayor número absoluto de víctimas.
Fuentes: Wikipedia, “Terremoto de Venezuela de 1812” y “Historia
de Mérida (Venezuela)”, con base en Altez, R. (2006), El desastre de 1812 en
Venezuela, UCAB.
6.1
Monseñor Santiago Hernández Milanés, cuarto obispo de Mérida
La figura más emblemática
entre las víctimas del terremoto en Mérida es, sin duda, su propio obispo.
Santiago Hernández Milanés (Mieza, España, 1750 – Mérida, 1812) había sido
nombrado obispo de Mérida en 1801 por el rey Carlos IV, tras una carrera
eclesiástica desarrollada en Salamanca y en distintas parroquias españolas.
Descrito por sus contemporáneos como un hombre de mediana estatura, complexión
fuerte, tez blanca rosada y trato culto y refinado, fue impulsor de la
educación universitaria en la provincia —consiguió, mediante Real Cédula de
1806, el privilegio universitario para el Seminario San Buenaventura— y, según
los discursos históricos de la Academia de Mérida, había actuado con prudencia
frente a los sucesos revolucionarios de 1810.
El día del terremoto, el
obispo entraba a su palacio episcopal luego de concluir los oficios de Semana
Santa cuando una viga desprendida del techo lo golpeó junto a otros sacerdotes
y seminaristas de su comitiva. Fue enterrado al día siguiente, Viernes Santo,
apresuradamente, bajo el pavimento y los escombros de la iglesia de la Orden
Tercera de San Francisco. Investigaciones recientes de la Academia de Mérida
(discurso de incorporación del Dr. Rosendo Camargo Mora) han intentado incluso
reconstruir la ubicación exacta de su tumba a partir del acta de defunción.
“…un terremoto estremeció la ciudad, y una viga, desprendida del
techo, lo impactó junto a otros sacerdotes y seminaristas de su comitiva.
Simultáneamente, se derrumbó la Iglesia del Pilar de Zaragoza, aplastando bajo
su techo y paredes a cientos de feligreses…” (Academia de Mérida, discurso de Rosendo
Camargo Mora, 2025)
Con su muerte, la
diócesis de Mérida quedó temporalmente bajo la autoridad del licenciado
Francisco Xavier de Irastorza, quien asumió como comisario diocesano y vicario
capitular mientras se resolvía la sucesión episcopal.
6.2
Mariano de Talavera y Garcés
Secretario del obispo
Hernández Milanés y sacerdote muy activo en la política provincial, Mariano de
Talavera y Garcés fue quien, como vocal y luego vicepresidente de la Junta de
Mérida, había firmado el decreto de creación de la Universidad y tomado
juramento al propio obispo como su rector vitalicio apenas meses antes del
sismo. Sobrevivió al terremoto y continuó una larga carrera eclesiástica y
política, llegando a ser obispo de Guayana años más tarde.
6.3
Simón Bolívar y la Campaña Admirable
Aunque el terremoto
ocurrió en Caracas y Mérida el mismo día, la figura de Simón Bolívar —entonces
todavía sin el título de Libertador— está indisolublemente ligada al episodio:
frente a los frailes realistas que predicaban que el sismo era un “castigo del
cielo” por la rebelión contra Fernando VII, Bolívar habría respondido con la
célebre frase “¡Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que
nos obedezca!”. Poco más de un año después, el 30 de mayo de 1813, Bolívar
llegó a Mérida durante la Campaña Admirable y permaneció allí 18 días; fue
precisamente en esa ciudad, aún convaleciente de las ruinas del terremoto,
donde recibió por primera vez el título de “Libertador”.
Fuentes: Academia de Mérida, discursos de incorporación
(academiademerida.org.ve); Redalyc, “El obispo Hernández Milanés ante la
expedición de Miranda”; Wikipedia, “Historia de Mérida (Venezuela)” y
“Terremoto de Venezuela de 1812”; Real Academia de la Historia (España), ficha
biográfica de Santiago Hernández Milanés.
Los testimonios de la época
—tanto en Mérida como en el resto del país— describen un ambiente de pánico
colectivo seguido de una intensa religiosidad penitencial. En las plazas
públicas se reunían grupos de sobrevivientes que suplicaban de rodillas al
cielo, mientras otros removían escombros con las manos para intentar rescatar a
familiares y vecinos atrapados, cuyos gemidos de auxilio se escuchaban entre
las ruinas.
Las réplicas sísmicas de
las horas y días siguientes —una a medianoche del mismo 26 de marzo, otras al
día siguiente, y la fuerte réplica del 4 de abril— impidieron que la población
recuperara la calma y alimentaron la sensación de estar frente a un castigo
sobrenatural.
Diversos cronistas
describen procesiones penitenciales espontáneas: mujeres que cambiaron sus vestidos
elegantes por trajes humildes en señal de contrición, y hombres que recorrían
las calles descalzos, con barbas sin afeitar, ceñidos con una correa, cargando
una piedra atada al cuello y cruces de madera a la espalda, subiendo a los
cerros cercanos para implorar clemencia divina y besar reliquias de santos.
Muchos de los cadáveres rescatados de entre las ruinas, ya en avanzado estado
de descomposición, debieron ser quemados en montones para evitar epidemias.
“…hombres y mujeres abandonaban sus vestimentas habituales y
recorrían las calles descalzos, portando cruces o reliquias religiosas,
convencidos de que la catástrofe constituía un castigo providencial…” (recogido en
crónicas de la época, cit. en Hispanopedia / Wikipedia)
Esta actitud,
profundamente marcada por la fe católica y el miedo, resultó decisiva para el
desenlace político del desastre: al coincidir la destrucción casi
exclusivamente con las ciudades de orientación republicana —Caracas, La Guaira,
Mérida, El Tocuyo, San Felipe— mientras que plazas realistas como Coro,
Maracaibo o Angostura resultaron prácticamente indemnes, buena parte de la
población quedó predispuesta a creer la interpretación que pronto ofrecería el
clero afecto a la Corona.
8.1
“La Loca de Ejido”
La leyenda más conocida y
perdurable asociada al terremoto de 1812 en la provincia de Mérida es la de “La
Loca de Ejido”, transmitida oralmente durante generaciones y recogida hoy en
numerosos blogs, portales de folclore venezolano y redes sociales. Es, según
los propios recopiladores del relato, una de las pocas leyendas venezolanas con
una fecha exacta: el 26 de marzo de 1812, Jueves Santo.
Según la tradición, en la
entonces Villa de Ejido vivía un joven llamado Lorenzo, heredero de una
considerable fortuna familiar, profundamente enamorado de una muchacha humilde
llamada Marta. Ambas familias aprobaban la relación y hacían planes de boda. Un
día, Lorenzo debió viajar a Mérida junto a su madre; Marta no pudo acompañarlos
porque debía cuidar de su propia madre enferma. Fue durante ese viaje cuando
ocurrió el terremoto: la tierra se estremeció, los edificios se derrumbaron y
una espesa nube de polvo cubrió la ciudad, mientras la multitud aterrorizada se
refugiaba en las plazas implorando misericordia.
Al enterarse de la
tragedia, Marta corrió hacia Mérida —perdiendo sus sandalias y con el cabello
suelto en su desesperación— y, al llegar entre los escombros, encontró a la
madre de Lorenzo sentada sobre las ruinas, con la mirada perdida: bajo ellas
yacía el cuerpo de su prometido. Desde entonces, cuenta la leyenda, cada Semana
Santa se aparece por las calles de Mérida una mujer joven de mirada extraviada,
seguida por un grupo de niños, en la que muchos reconocen a la propia Marta,
enloquecida por el dolor de su pérdida.
“Después de ese día, todos los años, en semana santa, se veía
una mujer recorriendo las calles de Mérida, seguida por un grupo de niños. Era
joven, pero en su rostro se reflejaba locura, hambre y dolor.” (recopilación de
la leyenda “La Loca de Ejido”, blogs de mitos y leyendas venezolanas)
La leyenda circula hoy
activamente en internet: aparece narrada en blogs especializados en mitos
urbanos venezolanos, en compilaciones de “leyendas venezolanas más populares”,
en plataformas de relatos como Wattpad, e incluso en videos virales de TikTok
que la presentan como una historia “entre el mito y la verdad”, dado su anclaje
en un hecho histórico documentado.
8.2
Otras narrativas y crónicas noveladas
Investigadores de la propia
Universidad de Los Andes han señalado que buena parte de la información sobre
lo ocurrido en Mérida durante el terremoto quedó registrada no en documentos
oficiales, sino dispersa en escritos de políticos, militares, religiosos,
cuentistas y novelistas de la época y de décadas posteriores. El artículo de
Laffaille y Ferrer, significativamente titulado “El terremoto de Mérida de
1812: escudriñando entre las páginas de una novela inconclusa en busca de
información acerca de una historia real”, hace explícito este cruce entre
historia documental y relato literario, y menciona expresamente la leyenda de
“La Loca de Ejido” como una de las narrativas surgidas de la fecha aciaga.
En esta misma línea,
otros trabajos recientes —como el de Mayelis Inés Moreno sobre el poblado de
Tabay, titulado con el elocuente juego de palabras “Jueves Santo lo hicieron,
Jueves Santo la pagaron”— reflejan cómo la memoria popular andina asoció el
sismo con una suerte de justicia o designio providencial, en sintonía con la
interpretación religiosa dominante en la época.
Fuentes: mitosurbanosve.blogspot.com; wildhunt.org (Alan D.D.,
columnas sobre folclore venezolano); lifeder.com, “Las 18 leyendas y mitos
venezolanos más populares”; Laffaille, J. y Ferrer, C., ResearchGate/Redalyc,
ULA; Moreno, M. I., CISHVIT, Revista Haciendo Memoria N.º 6.
La respuesta
institucional al desastre estuvo marcada por la debilidad de una Primera
República apenas consolidada, sin recursos suficientes y en medio de una guerra
abierta. En Caracas, las autoridades republicanas se reunieron de emergencia en
la plaza frente a la Catedral para decretar medidas de urgencia: atención a los
damnificados, orden público y la quema de cadáveres en estado de descomposición
para prevenir epidemias; en Valencia, el gobierno federal instalado llamó a la
calma mediante proclama y aplicó la ley marcial contra quienes saqueaban las
ruinas.
En Mérida, con la muerte
del obispo y buena parte de la jerarquía eclesiástica diezmada, el vacío de
autoridad religiosa recayó en el licenciado Francisco Xavier de Irastorza como
comisario diocesano. La provincia, que apenas año y medio antes había
instaurado su propia Junta de gobierno, debió enfrentar simultáneamente la
reconstrucción material, la crisis de autoridad eclesiástica y el deterioro del
esfuerzo bélico patriota.
9.1
El uso político del desastre por el bando realista
El hecho de que la
destrucción se concentrara casi exclusivamente en ciudades de orientación
republicana —Caracas, La Guaira, Mérida, El Tocuyo, San Felipe— mientras que
las plazas leales a la Corona (Coro, Maracaibo, Angostura) resultaron
relativamente indemnes, fue aprovechado hábilmente por frailes y sacerdotes
realistas, quienes predicaron que se trataba de un “castigo del cielo” por la
insubordinación contra el rey Fernando VII. El arzobispo de Caracas, Narciso
Coll y Prat, calificó el suceso como el “terremoto pavoroso pero merecido”, y
reforzó esta interpretación cuando las tropas realistas de Domingo de Monteverde
reconquistaron Caracas meses después.
El propio Monteverde
reconoció el efecto favorable del desastre para su causa: “...a esto se agrega
el asombro que ha causado á todos los vecinos las grandes desgracias que el
terremoto del 26 ha causado en los pueblos...”. Numerosas guarniciones
patriotas, diezmadas por el sismo, se rindieron sin apenas resistencia durante
su avance de reconquista desde Coro.
9.2
La respuesta patriota
Frente a la
interpretación providencialista, los líderes republicanos —encabezados
simbólicamente por Bolívar— rechazaron la lectura religiosa del desastre e
insistieron en su carácter puramente natural. Sin embargo, la fragilidad
militar y económica de la Primera República —con las arcas prácticamente vacías
tras el fracaso de la Campaña de Coro y la posterior emisión descontrolada de
papel moneda— hizo que el argumento providencialista calara profundamente entre
una población atemorizada, contribuyendo de forma decisiva a la posterior
capitulación de la Primera República en julio de 1812.
9.3
Ayuda internacional
Entre las primeras
muestras de solidaridad exterior registradas ante la catástrofe estuvo la del
Congreso de los Estados Unidos, reunido en Washington, que decretó por
unanimidad el envío de cinco buques cargados de harina hacia las costas
venezolanas, destinados a distribuirse entre los habitantes más necesitados
tras el desastre.
Fuentes: Wikipedia, “Terremoto de Venezuela de 1812” (con cita
de fuentes primarias: Narciso Coll y Prat, Domingo de Monteverde); El Nacional,
“A 210 años del terremoto de 1812” (26-03-2022); El Impulso, “Pensar el
terremoto de 1812… 200 años después” (Pedro Rodríguez Rojas, 2012), con base en
Laffaille y Ferrer, ULA.
10.1
Consecuencias políticas y militares
El terremoto de 1812 es
considerado por buena parte de la historiografía venezolana como uno de los
factores decisivos —aunque no el único— en el colapso de la Primera República.
La destrucción de cuarteles y la muerte de numerosos soldados y oficiales
patriotas, unida al golpe moral que significó la interpretación
providencialista del desastre, debilitó gravemente la capacidad de resistencia
republicana justo cuando Domingo de Monteverde avanzaba desde Coro. La Primera
República capitularía escasos meses después, en julio de 1812.
Para la provincia de
Mérida en particular, la pérdida de su obispo y de buena parte de su
infraestructura institucional (Palacio Episcopal, sede catedralicia, seminario)
representó un golpe profundo justo cuando la naciente Universidad Emeritense
—erigida apenas meses antes— comenzaba a dar sus primeros pasos bajo el
rectorado del propio obispo fallecido.
10.2
Consecuencias urbanísticas y patrimoniales
La reconstrucción de la
infraestructura religiosa de Mérida se prolongó por décadas: la nueva catedral,
iniciada en 1805 y destruida en sus cimientos por el sismo de 1812, no fue
retomada sino hasta 1842 por el obispo Juan Hilario Bosset, y no quedó
consagrada hasta 1867 —más de medio siglo después del desastre original—.
Además, el nuevo templo volvería a sufrir daños considerables en el posterior
Gran Terremoto de los Andes de 1894.
Un sector completo de la
ciudad permaneció en ruinas durante años tras el sismo, con numerosos antiguos
moradores sepultados bajo los escombros de sus propias viviendas, según recogen
crónicas de viajeros de la época citadas en la historiografía sobre Mérida.
10.3
Consecuencias económicas y sociales
A los daños materiales
directos se sumaron la escasez de víveres, los incendios y las enfermedades
derivadas del hacinamiento y la insalubridad tras el desastre, factores que
—según diversas fuentes— continuaron cobrando vidas semanas después del sismo
principal. La crisis económica general de la Primera República, agravada por la
necesidad de financiar el esfuerzo bélico, se tradujo en una espiral
inflacionaria que afectó a toda la provincia.
10.4
Consecuencias en la memoria histórica y sísmica
El terremoto de 1812 se
convirtió en un hito de referencia para la sismología histórica venezolana:
sirvió de base comparativa para estudiar el posterior Gran Terremoto de los
Andes de 1894, y continúa siendo objeto de estudios paleosísmicos sobre la
falla de Boconó y la falla del Albarregas, ambas de relevancia directa para la
evaluación del riesgo sísmico actual en la región andina.
Fuentes: Wikipedia, “Terremoto de Venezuela de 1812” e “Historia
de Mérida (Venezuela)”; Universidad de Los Andes, “La Catedral de Mérida”
(saber.ula.ve); Laffaille y Ferrer (2003, 2005), ULA.
La Universidad de Los
Andes, a través de su Laboratorio de Geofísica y de su Revista Geográfica
Venezolana, ha sido la institución que con mayor rigor ha revisado el terremoto
de 1812 específicamente en su impacto sobre la provincia de Mérida. Los
trabajos de los profesores Jaime Laffaille y Carlos Ferrer —“El terremoto del
jueves santo en Mérida: año 1812” (2003) y “El terremoto de Mérida de 1812:
escudriñando entre las páginas de una novela inconclusa…” (2005)— constituyen
las referencias obligadas sobre el tema, disponibles en el repositorio
institucional Saber ULA (saber.ula.ve) y en la plataforma de revistas
académicas de la propia universidad (erevistas.saber.ula.ve).
Estos estudios han
permitido, entre otros aportes: relocalizar el posible epicentro del sismo
merideño, revisar a la baja tanto su magnitud como el número de víctimas
tradicionalmente aceptado, identificar el papel de la falla del Albarregas en
los daños urbanos, y poner en contexto crítico las fuentes literarias y
legendarias —como “La Loca de Ejido”— que durante dos siglos alimentaron la
memoria popular sobre el desastre.
Asimismo, la Academia de
Mérida —institución cultural vinculada a la vida intelectual de la ciudad— ha
producido discursos de incorporación dedicados específicamente a figuras como
el obispo Santiago Hernández Milanés, aportando información de archivo sobre su
vida, su obra y las circunstancias exactas de su muerte y sepultura.
El terremoto del Jueves
Santo de 1812 constituye, para la provincia de Mérida, mucho más que un
episodio sísmico: fue un punto de quiebre que se llevó consigo a su máxima
autoridad eclesiástica, truncó el sueño de una gran catedral, diezmó a su
población, alimentó una intensa ola de religiosidad penitencial, sirvió de argumento
político decisivo para el bando realista y quedó grabado en la memoria popular
a través de leyendas —como la de “La Loca de Ejido”— que perduran hasta hoy en
blogs, redes sociales y la tradición oral andina.
A más de dos siglos de
distancia, la revisión crítica adelantada por investigadores de la Universidad
de Los Andes ha permitido matizar muchas de las cifras y narrativas heredadas
de la época, sin restarle al episodio su carácter de hito fundacional en la
historia sísmica, política y cultural de Mérida y de Venezuela.
Publicaciones académicas y de
la Universidad de Los Andes (ULA)
Laffaille,
J. y Ferrer, C. (2003). “El terremoto del jueves santo en Mérida: año 1812”.
Revista Geográfica Venezolana, 44(1), 107-123. erevistas.saber.ula.ve /
Dialnet.
Laffaille,
J. y Ferrer, C. (2005). “El terremoto de Mérida de 1812: escudriñando entre las
páginas de una novela inconclusa en busca de información acerca de una historia
real”. Redalyc / ResearchGate.
Universidad
de Los Andes. “La Catedral de Mérida” (monografía sobre la Plaza Bolívar y la
Catedral). saber.ula.ve.
Altez, R.
(1998). “Cronometrización extemporánea. Los sismos del 26 de marzo de 1812 en
Caracas y Mérida”. Revista Geográfica Venezolana, ULA.
Altez, R.
(2005). “Los sismos del 26 de marzo de 1812 en Venezuela: nuevos aportes y
evidencias sobre estos eventos”. Revista Geográfica Venezolana / SciELO
Venezuela.
Altez, R.
(2006). El desastre de 1812 en Venezuela: sismos, vulnerabilidades y una patria
no tan boba. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello.
Moreno, M.
I. “Jueves Santo lo hicieron, Jueves Santo la pagaron: el terremoto de 1812 en
Tabay”. Revista Haciendo Memoria N.º 6, CISHVIT.
Archivos, academias e
instituciones
Academia
de Mérida. “Ubicación de la tumba del obispo monseñor Santiago Hernández
Milanés”. Discurso de incorporación del Dr. Rosendo Camargo Mora (2025).
academiademerida.org.ve.
Duque, H.
“El obispo Hernández Milanés ante la expedición de Miranda”. Boletín del
Archivo Arquidiocesano de Mérida / Redalyc.
Real
Academia de la Historia (España). Ficha biográfica de Santiago Hernández
Milanés. dbe.rah.es.
El
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(@unajevadevenezuela). Video divulgativo sobre “La Loca de Ejido”.
Nota metodológica: dada la antigüedad del evento y la escasez de fuentes primarias directas, las cifras de víctimas y las hipótesis sobre el epicentro varían según el autor y la época de publicación; este trabajo presenta las distintas versiones documentadas, señalando cuáles cuentan hoy con mayor respaldo académico.
Te pedimos que al hacer citas en traabjos propios citar con Autoría del Licenciado Freddy Sánchez y El Blog Crónicas de Mérida.
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