martes, 7 de julio de 2026

EL TERREMOTO DEL JUEVES SANTO EN MÉRIDA

26 de marzo de 1812 — Provincia de Mérida

 1. Introducción

El 26 de marzo de 1812, Jueves Santo, un violento sismo sacudió buena parte del territorio de la Capitanía General de Venezuela, arrasando ciudades como Caracas, La Guaira, Barquisimeto, San Felipe y, con particular fuerza, la ciudad de Mérida, capital de su provincia. El evento ocurrió en pleno proceso de la Guerra de Independencia, apenas dos años después de la formación de la Junta que depuso a las autoridades realistas, y se convirtió en uno de los episodios más determinantes —y más controvertidos— de la historia sísmica y política de Venezuela.

Este trabajo reúne, a partir de fuentes académicas (principalmente de la Universidad de Los Andes), archivos eclesiásticos, crónicas de la época, prensa y publicaciones divulgativas, una revisión exhaustiva de lo ocurrido en la provincia de Mérida: sus efectos materiales y humanos, las personas de la época que resultaron afectadas, la actitud religiosa y social de la población, la reacción de las autoridades y del clero, las consecuencias políticas y militares del desastre, y las leyendas populares que, más de dos siglos después, todavía se narran en el imaginario merideño.

Como se advertirá a lo largo del documento, el terremoto de 1812 en Mérida sigue siendo objeto de debate académico: la escasez y fragmentación de las fuentes primarias, sumadas al uso político que se le dio en su momento, generaron versiones contradictorias sobre su magnitud real, su número de víctimas e incluso sobre si se trató de un evento sísmico independiente del ocurrido en Caracas esa misma tarde.

Para 1812, Mérida era una próspera ciudad andina, sede episcopal desde 1778 y centro educativo de la región gracias al Seminario de San Buenaventura, fundado en 1785 por el primer obispo, fray Juan Ramos de Lora. Ese seminario sería, con el tiempo, la semilla de la actual Universidad de Los Andes (ULA).

La provincia había seguido el ejemplo de Caracas: el 16 de septiembre de 1810 depuso a las autoridades del Cabildo realista y conformó una Junta local, a la que se incorporó el sacerdote Mariano de Talavera y Garcés. Fue este mismo clérigo quien redactó la primera Constitución federal de la provincia y firmó el decreto que elevó el Colegio Real de San Buenaventura a la categoría de Universidad, nombrando como su primer rector vitalicio, por juramento, al entonces obispo de Mérida, Santiago Hernández Milanés.

El cuarto obispo de la diócesis, Hernández Milanés, natural de Mieza (Salamanca, España), llevaba más de una década al frente de la diócesis y había iniciado, desde 1805, la construcción de una catedral monumental inspirada en la de Toledo. Aunque de origen español, había llegado a defender el derecho de Venezuela a independizarse, postura que lo distinguía de buena parte del alto clero realista de la época.

En ese ambiente de entusiasmo republicano —pero también de fragilidad institucional, escasez de recursos y un ejército patriota todavía en formación— sobrevino el terremoto, un Jueves Santo, mientras la ciudad se preparaba para los oficios religiosos de Semana Santa.

Según los registros históricos recopilados por el historiador merideño Tulio Febres Cordero, en Mérida los oficios religiosos del Jueves Santo ya habían concluido cuando ocurrió el sismo: el obispo Hernández Milanés se retiraba caminando hacia su palacio, situado a pocas cuadras de la iglesia de San Francisco (que entonces funcionaba como catedral, pues la nueva construcción aún no se terminaba), cuando la tierra tembló con violencia.

Esta secuencia de hechos ha llevado a distintos investigadores —entre ellos el historiador Rogelio Altez— a proponer que el sismo de Mérida pudo no ser simultáneo con el de Caracas: mientras que en la capital el remezón se sintió hacia las 4:07 p.m., en Mérida las misas terminaban recién pasadas las 4:00 p.m., lo que sitúa el sismo andino cerca de las 5:00 p.m., una hora después. De confirmarse, se trataría de dos terremotos distintos y no de un único evento multifocal, como sostenían estudios previos.

3.1 Las hipótesis sobre el epicentro

La comunidad científica no se ha puesto de acuerdo sobre el origen del sismo que devastó a Mérida. Entre las principales teorías destacan:

•          Melchor Centeno Grau (1940) propuso un modelo multifocal con tres epicentros: uno en el mar Caribe (responsable de los daños en Caracas y La Guaira), otro entre San Felipe y Barquisimeto, y un tercero al sur del lago de Maracaibo, en la cordillera andina, causante de la destrucción de Mérida.

•          Günther Fiedler (1961) continuó la tesis de los tres focos y calculó para el epicentro suroccidental de Mérida una intensidad de X y una magnitud aproximada de 7 grados.

•          Cluff y Hansen (1969) sostuvieron, en cambio, que hubo un único epicentro cerca de Mérida, con una intensidad de XI y una magnitud de 8, lo que lo convertiría en el mayor terremoto de la historia venezolana, con una ruptura de hasta 350 km a lo largo de la falla de Boconó.

•          Rogelio Altez (1998), en su artículo “Cronometrización extemporánea. Los sismos del 26 de marzo de 1812 en Caracas y Mérida”, defendió la hipótesis de dos sismos independientes, separados por aproximadamente una hora.

•          Jaime Laffaille y Carlos Ferrer (2003), investigadores del Laboratorio de Geofísica de la Universidad de Los Andes, en su artículo “El terremoto del jueves santo en Mérida: año 1812” (Revista Geográfica Venezolana, ULA), revisaron a fondo la información histórica regional y concluyeron que la destrucción de Mérida no fue tan grave como tradicionalmente se creyó: estiman una intensidad de VII a VIII (bastante menor que la asumida por estudios previos) y una magnitud local de apenas 5,1 a 5,4, asociada posiblemente a la falla del río Albarregas, que atraviesa la ciudad.

Este último trabajo, producido y publicado por la propia Universidad de Los Andes, es hoy la referencia más citada para entender lo ocurrido específicamente en la meseta merideña, y ha sido complementado por otro estudio de los mismos autores, “El terremoto de Mérida de 1812: escudriñando entre las páginas de una novela inconclusa en busca de información acerca de una historia real”, que examina fuentes literarias e indirectas —crónicas, novelas y leyendas— para reconstruir el suceso.

Fuentes: Laffaille, J. y Ferrer, C. (2003). Revista Geográfica Venezolana, ULA; Altez, R. (1998, 2005), Revista Geográfica Venezolana / SciELO Venezuela; Wikipedia “Terremoto de Venezuela de 1812”.

De acuerdo con los testimonios de la época recogidos por Febres Cordero y analizados por Laffaille y Ferrer, el mayor número de víctimas y daños en Mérida se concentró en un solo edificio que colapsó por completo: el templo de San Francisco, donde momentos antes se había celebrado la misa del Jueves Santo. Esta iglesia, además, ya tenía su estructura resentida por un sismo anterior ocurrido en 1786, lo que agravó su vulnerabilidad.

Entre las edificaciones y obras dañadas o destruidas destacan:

•          La iglesia y convento de San Francisco (entonces sede provisional de la catedral), que se derrumbó durante la misa, sepultando a numerosos feligreses.

•          El Palacio Episcopal, cuyos muros se desplomaron sobre el obispo Santiago Hernández Milanés y varios miembros de su comitiva cuando se retiraban tras los oficios religiosos.

•          Los cimientos de la nueva catedral monumental, inspirada en la de Toledo, cuya construcción había iniciado el propio obispo Hernández Milanés en 1805 y que el terremoto redujo a poco más que sus bases; la obra no se retomaría sino hasta 1842, bajo el obispo Juan Hilario Bosset, y no quedaría consagrada hasta 1867.

•          Numerosas viviendas de la ciudad, cuyos escombros —según los registros— bordeaban una línea prácticamente recta asociada a la falla geológica del río Albarregas, que corre por el norte de la meseta merideña.

•          El antiguo Seminario de San Buenaventura (germen de la actual Universidad de Los Andes), ubicado en el mismo talud norte de la ciudad, en la zona de mayor concentración de daños reportados.

•          Poblaciones cercanas: los estudios de Laffaille y Ferrer señalan que la población de Ejido sufrió comparativamente poco, mientras que Tabay, al norte de Mérida, resultó ser el poblado con mayores daños después de la propia capital provincial (un episodio documentado en el artículo “Jueves Santo lo hicieron, Jueves Santo la pagaron: el terremoto de 1812 en Tabay”, de Mayelis Inés Moreno).

A la destrucción inicial se sumaron los efectos de una fuerte réplica registrada el 4 de abril de 1812, apenas nueve días después, que profundizó el pánico y agravó los daños estructurales ya existentes en toda la región afectada por el sismo.

Fuentes: Laffaille, J. y Ferrer, C. (2003, 2005), ULA; “La Catedral de Mérida”, Universidad de Los Andes (saber.ula.ve); Moreno, M. I., “Jueves Santo lo hicieron, Jueves Santo la pagaron”, CISHVIT.

Las cifras de víctimas del terremoto de 1812 en Mérida están entre las más discutidas de toda la historiografía sísmica venezolana, debido a que los relatos de la época mezclaron las bajas del desastre natural con las de los combates de la guerra de independencia, y a que el número total de habitantes de la ciudad en ese momento era, según algunas fuentes, incluso menor que las cifras de muertos que se llegaron a manejar.

Fuente / estimación

Cifra de muertos en Mérida

Observación

Rumor inicial de la época

Hasta 5.000 muertos

Superaba la población total estimada de la ciudad

Creencia contemporánea difundida

Alrededor de 1.500 muertos

Incluía al obispo Hernández Milanés; mezclaba bajas de guerra

Estimaciones históricas más altas

Hasta 5.000 (dentro de un total nacional de ~26.000)

Cifra máxima citada en fuentes del siglo XIX

Estimaciones modernas (revisión histórica)

Cerca de 800 víctimas

Cifra hoy más aceptada por la historiografía crítica

                                                                          

La Wikipedia en español, con base en Rogelio Altez (2006, Universidad Católica Andrés Bello), resume esta disparidad: en Mérida inicialmente se creyó que habían muerto 1.500 personas —incluyendo al cuarto obispo, Santiago Hernández Milanés—, pero muchas bajas de la guerra se confundieron con las del terremoto, llegándose incluso a rumorear hasta 5.000 muertos, cifra mayor que la población total de la ciudad en la época; las estimaciones modernas reducen la cifra a unas 800 víctimas.

La propia página de la Wikipedia sobre la Historia de Mérida (Venezuela) confirma que el sismo “se cobró la vida de más de 800 personas, lo cual fue una merma importante de su población”, y que un sector completo de la ciudad permaneció en ruinas por años, con numerosos antiguos moradores sepultados bajo los escombros de sus propias viviendas.

A nivel de toda la Capitanía General de Venezuela, las cifras totales de fallecidos —sumando Caracas, La Guaira, Barquisimeto, San Felipe y Mérida— oscilan, según los distintos cronistas y estudios, entre 10.000 y 26.000 personas, siendo Caracas la ciudad con el mayor número absoluto de víctimas.

Fuentes: Wikipedia, “Terremoto de Venezuela de 1812” y “Historia de Mérida (Venezuela)”, con base en Altez, R. (2006), El desastre de 1812 en Venezuela, UCAB.

6.1 Monseñor Santiago Hernández Milanés, cuarto obispo de Mérida

La figura más emblemática entre las víctimas del terremoto en Mérida es, sin duda, su propio obispo. Santiago Hernández Milanés (Mieza, España, 1750 – Mérida, 1812) había sido nombrado obispo de Mérida en 1801 por el rey Carlos IV, tras una carrera eclesiástica desarrollada en Salamanca y en distintas parroquias españolas. Descrito por sus contemporáneos como un hombre de mediana estatura, complexión fuerte, tez blanca rosada y trato culto y refinado, fue impulsor de la educación universitaria en la provincia —consiguió, mediante Real Cédula de 1806, el privilegio universitario para el Seminario San Buenaventura— y, según los discursos históricos de la Academia de Mérida, había actuado con prudencia frente a los sucesos revolucionarios de 1810.

El día del terremoto, el obispo entraba a su palacio episcopal luego de concluir los oficios de Semana Santa cuando una viga desprendida del techo lo golpeó junto a otros sacerdotes y seminaristas de su comitiva. Fue enterrado al día siguiente, Viernes Santo, apresuradamente, bajo el pavimento y los escombros de la iglesia de la Orden Tercera de San Francisco. Investigaciones recientes de la Academia de Mérida (discurso de incorporación del Dr. Rosendo Camargo Mora) han intentado incluso reconstruir la ubicación exacta de su tumba a partir del acta de defunción.

“…un terremoto estremeció la ciudad, y una viga, desprendida del techo, lo impactó junto a otros sacerdotes y seminaristas de su comitiva. Simultáneamente, se derrumbó la Iglesia del Pilar de Zaragoza, aplastando bajo su techo y paredes a cientos de feligreses…”  (Academia de Mérida, discurso de Rosendo Camargo Mora, 2025)

Con su muerte, la diócesis de Mérida quedó temporalmente bajo la autoridad del licenciado Francisco Xavier de Irastorza, quien asumió como comisario diocesano y vicario capitular mientras se resolvía la sucesión episcopal.

6.2 Mariano de Talavera y Garcés

Secretario del obispo Hernández Milanés y sacerdote muy activo en la política provincial, Mariano de Talavera y Garcés fue quien, como vocal y luego vicepresidente de la Junta de Mérida, había firmado el decreto de creación de la Universidad y tomado juramento al propio obispo como su rector vitalicio apenas meses antes del sismo. Sobrevivió al terremoto y continuó una larga carrera eclesiástica y política, llegando a ser obispo de Guayana años más tarde.

6.3 Simón Bolívar y la Campaña Admirable

Aunque el terremoto ocurrió en Caracas y Mérida el mismo día, la figura de Simón Bolívar —entonces todavía sin el título de Libertador— está indisolublemente ligada al episodio: frente a los frailes realistas que predicaban que el sismo era un “castigo del cielo” por la rebelión contra Fernando VII, Bolívar habría respondido con la célebre frase “¡Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca!”. Poco más de un año después, el 30 de mayo de 1813, Bolívar llegó a Mérida durante la Campaña Admirable y permaneció allí 18 días; fue precisamente en esa ciudad, aún convaleciente de las ruinas del terremoto, donde recibió por primera vez el título de “Libertador”.

Fuentes: Academia de Mérida, discursos de incorporación (academiademerida.org.ve); Redalyc, “El obispo Hernández Milanés ante la expedición de Miranda”; Wikipedia, “Historia de Mérida (Venezuela)” y “Terremoto de Venezuela de 1812”; Real Academia de la Historia (España), ficha biográfica de Santiago Hernández Milanés.

Los testimonios de la época —tanto en Mérida como en el resto del país— describen un ambiente de pánico colectivo seguido de una intensa religiosidad penitencial. En las plazas públicas se reunían grupos de sobrevivientes que suplicaban de rodillas al cielo, mientras otros removían escombros con las manos para intentar rescatar a familiares y vecinos atrapados, cuyos gemidos de auxilio se escuchaban entre las ruinas.

Las réplicas sísmicas de las horas y días siguientes —una a medianoche del mismo 26 de marzo, otras al día siguiente, y la fuerte réplica del 4 de abril— impidieron que la población recuperara la calma y alimentaron la sensación de estar frente a un castigo sobrenatural.

Diversos cronistas describen procesiones penitenciales espontáneas: mujeres que cambiaron sus vestidos elegantes por trajes humildes en señal de contrición, y hombres que recorrían las calles descalzos, con barbas sin afeitar, ceñidos con una correa, cargando una piedra atada al cuello y cruces de madera a la espalda, subiendo a los cerros cercanos para implorar clemencia divina y besar reliquias de santos. Muchos de los cadáveres rescatados de entre las ruinas, ya en avanzado estado de descomposición, debieron ser quemados en montones para evitar epidemias.

“…hombres y mujeres abandonaban sus vestimentas habituales y recorrían las calles descalzos, portando cruces o reliquias religiosas, convencidos de que la catástrofe constituía un castigo providencial…”  (recogido en crónicas de la época, cit. en Hispanopedia / Wikipedia)

Esta actitud, profundamente marcada por la fe católica y el miedo, resultó decisiva para el desenlace político del desastre: al coincidir la destrucción casi exclusivamente con las ciudades de orientación republicana —Caracas, La Guaira, Mérida, El Tocuyo, San Felipe— mientras que plazas realistas como Coro, Maracaibo o Angostura resultaron prácticamente indemnes, buena parte de la población quedó predispuesta a creer la interpretación que pronto ofrecería el clero afecto a la Corona.

8.1 “La Loca de Ejido”

La leyenda más conocida y perdurable asociada al terremoto de 1812 en la provincia de Mérida es la de “La Loca de Ejido”, transmitida oralmente durante generaciones y recogida hoy en numerosos blogs, portales de folclore venezolano y redes sociales. Es, según los propios recopiladores del relato, una de las pocas leyendas venezolanas con una fecha exacta: el 26 de marzo de 1812, Jueves Santo.

Según la tradición, en la entonces Villa de Ejido vivía un joven llamado Lorenzo, heredero de una considerable fortuna familiar, profundamente enamorado de una muchacha humilde llamada Marta. Ambas familias aprobaban la relación y hacían planes de boda. Un día, Lorenzo debió viajar a Mérida junto a su madre; Marta no pudo acompañarlos porque debía cuidar de su propia madre enferma. Fue durante ese viaje cuando ocurrió el terremoto: la tierra se estremeció, los edificios se derrumbaron y una espesa nube de polvo cubrió la ciudad, mientras la multitud aterrorizada se refugiaba en las plazas implorando misericordia.

Al enterarse de la tragedia, Marta corrió hacia Mérida —perdiendo sus sandalias y con el cabello suelto en su desesperación— y, al llegar entre los escombros, encontró a la madre de Lorenzo sentada sobre las ruinas, con la mirada perdida: bajo ellas yacía el cuerpo de su prometido. Desde entonces, cuenta la leyenda, cada Semana Santa se aparece por las calles de Mérida una mujer joven de mirada extraviada, seguida por un grupo de niños, en la que muchos reconocen a la propia Marta, enloquecida por el dolor de su pérdida.

“Después de ese día, todos los años, en semana santa, se veía una mujer recorriendo las calles de Mérida, seguida por un grupo de niños. Era joven, pero en su rostro se reflejaba locura, hambre y dolor.”  (recopilación de la leyenda “La Loca de Ejido”, blogs de mitos y leyendas venezolanas)

La leyenda circula hoy activamente en internet: aparece narrada en blogs especializados en mitos urbanos venezolanos, en compilaciones de “leyendas venezolanas más populares”, en plataformas de relatos como Wattpad, e incluso en videos virales de TikTok que la presentan como una historia “entre el mito y la verdad”, dado su anclaje en un hecho histórico documentado.

8.2 Otras narrativas y crónicas noveladas

Investigadores de la propia Universidad de Los Andes han señalado que buena parte de la información sobre lo ocurrido en Mérida durante el terremoto quedó registrada no en documentos oficiales, sino dispersa en escritos de políticos, militares, religiosos, cuentistas y novelistas de la época y de décadas posteriores. El artículo de Laffaille y Ferrer, significativamente titulado “El terremoto de Mérida de 1812: escudriñando entre las páginas de una novela inconclusa en busca de información acerca de una historia real”, hace explícito este cruce entre historia documental y relato literario, y menciona expresamente la leyenda de “La Loca de Ejido” como una de las narrativas surgidas de la fecha aciaga.

En esta misma línea, otros trabajos recientes —como el de Mayelis Inés Moreno sobre el poblado de Tabay, titulado con el elocuente juego de palabras “Jueves Santo lo hicieron, Jueves Santo la pagaron”— reflejan cómo la memoria popular andina asoció el sismo con una suerte de justicia o designio providencial, en sintonía con la interpretación religiosa dominante en la época.

Fuentes: mitosurbanosve.blogspot.com; wildhunt.org (Alan D.D., columnas sobre folclore venezolano); lifeder.com, “Las 18 leyendas y mitos venezolanos más populares”; Laffaille, J. y Ferrer, C., ResearchGate/Redalyc, ULA; Moreno, M. I., CISHVIT, Revista Haciendo Memoria N.º 6.

La respuesta institucional al desastre estuvo marcada por la debilidad de una Primera República apenas consolidada, sin recursos suficientes y en medio de una guerra abierta. En Caracas, las autoridades republicanas se reunieron de emergencia en la plaza frente a la Catedral para decretar medidas de urgencia: atención a los damnificados, orden público y la quema de cadáveres en estado de descomposición para prevenir epidemias; en Valencia, el gobierno federal instalado llamó a la calma mediante proclama y aplicó la ley marcial contra quienes saqueaban las ruinas.

En Mérida, con la muerte del obispo y buena parte de la jerarquía eclesiástica diezmada, el vacío de autoridad religiosa recayó en el licenciado Francisco Xavier de Irastorza como comisario diocesano. La provincia, que apenas año y medio antes había instaurado su propia Junta de gobierno, debió enfrentar simultáneamente la reconstrucción material, la crisis de autoridad eclesiástica y el deterioro del esfuerzo bélico patriota.

9.1 El uso político del desastre por el bando realista

El hecho de que la destrucción se concentrara casi exclusivamente en ciudades de orientación republicana —Caracas, La Guaira, Mérida, El Tocuyo, San Felipe— mientras que las plazas leales a la Corona (Coro, Maracaibo, Angostura) resultaron relativamente indemnes, fue aprovechado hábilmente por frailes y sacerdotes realistas, quienes predicaron que se trataba de un “castigo del cielo” por la insubordinación contra el rey Fernando VII. El arzobispo de Caracas, Narciso Coll y Prat, calificó el suceso como el “terremoto pavoroso pero merecido”, y reforzó esta interpretación cuando las tropas realistas de Domingo de Monteverde reconquistaron Caracas meses después.

El propio Monteverde reconoció el efecto favorable del desastre para su causa: “...a esto se agrega el asombro que ha causado á todos los vecinos las grandes desgracias que el terremoto del 26 ha causado en los pueblos...”. Numerosas guarniciones patriotas, diezmadas por el sismo, se rindieron sin apenas resistencia durante su avance de reconquista desde Coro.

9.2 La respuesta patriota

Frente a la interpretación providencialista, los líderes republicanos —encabezados simbólicamente por Bolívar— rechazaron la lectura religiosa del desastre e insistieron en su carácter puramente natural. Sin embargo, la fragilidad militar y económica de la Primera República —con las arcas prácticamente vacías tras el fracaso de la Campaña de Coro y la posterior emisión descontrolada de papel moneda— hizo que el argumento providencialista calara profundamente entre una población atemorizada, contribuyendo de forma decisiva a la posterior capitulación de la Primera República en julio de 1812.

9.3 Ayuda internacional

Entre las primeras muestras de solidaridad exterior registradas ante la catástrofe estuvo la del Congreso de los Estados Unidos, reunido en Washington, que decretó por unanimidad el envío de cinco buques cargados de harina hacia las costas venezolanas, destinados a distribuirse entre los habitantes más necesitados tras el desastre.

Fuentes: Wikipedia, “Terremoto de Venezuela de 1812” (con cita de fuentes primarias: Narciso Coll y Prat, Domingo de Monteverde); El Nacional, “A 210 años del terremoto de 1812” (26-03-2022); El Impulso, “Pensar el terremoto de 1812… 200 años después” (Pedro Rodríguez Rojas, 2012), con base en Laffaille y Ferrer, ULA.

10.1 Consecuencias políticas y militares

El terremoto de 1812 es considerado por buena parte de la historiografía venezolana como uno de los factores decisivos —aunque no el único— en el colapso de la Primera República. La destrucción de cuarteles y la muerte de numerosos soldados y oficiales patriotas, unida al golpe moral que significó la interpretación providencialista del desastre, debilitó gravemente la capacidad de resistencia republicana justo cuando Domingo de Monteverde avanzaba desde Coro. La Primera República capitularía escasos meses después, en julio de 1812.

Para la provincia de Mérida en particular, la pérdida de su obispo y de buena parte de su infraestructura institucional (Palacio Episcopal, sede catedralicia, seminario) representó un golpe profundo justo cuando la naciente Universidad Emeritense —erigida apenas meses antes— comenzaba a dar sus primeros pasos bajo el rectorado del propio obispo fallecido.

10.2 Consecuencias urbanísticas y patrimoniales

La reconstrucción de la infraestructura religiosa de Mérida se prolongó por décadas: la nueva catedral, iniciada en 1805 y destruida en sus cimientos por el sismo de 1812, no fue retomada sino hasta 1842 por el obispo Juan Hilario Bosset, y no quedó consagrada hasta 1867 —más de medio siglo después del desastre original—. Además, el nuevo templo volvería a sufrir daños considerables en el posterior Gran Terremoto de los Andes de 1894.

Un sector completo de la ciudad permaneció en ruinas durante años tras el sismo, con numerosos antiguos moradores sepultados bajo los escombros de sus propias viviendas, según recogen crónicas de viajeros de la época citadas en la historiografía sobre Mérida.

10.3 Consecuencias económicas y sociales

A los daños materiales directos se sumaron la escasez de víveres, los incendios y las enfermedades derivadas del hacinamiento y la insalubridad tras el desastre, factores que —según diversas fuentes— continuaron cobrando vidas semanas después del sismo principal. La crisis económica general de la Primera República, agravada por la necesidad de financiar el esfuerzo bélico, se tradujo en una espiral inflacionaria que afectó a toda la provincia.

10.4 Consecuencias en la memoria histórica y sísmica

El terremoto de 1812 se convirtió en un hito de referencia para la sismología histórica venezolana: sirvió de base comparativa para estudiar el posterior Gran Terremoto de los Andes de 1894, y continúa siendo objeto de estudios paleosísmicos sobre la falla de Boconó y la falla del Albarregas, ambas de relevancia directa para la evaluación del riesgo sísmico actual en la región andina.

Fuentes: Wikipedia, “Terremoto de Venezuela de 1812” e “Historia de Mérida (Venezuela)”; Universidad de Los Andes, “La Catedral de Mérida” (saber.ula.ve); Laffaille y Ferrer (2003, 2005), ULA.

La Universidad de Los Andes, a través de su Laboratorio de Geofísica y de su Revista Geográfica Venezolana, ha sido la institución que con mayor rigor ha revisado el terremoto de 1812 específicamente en su impacto sobre la provincia de Mérida. Los trabajos de los profesores Jaime Laffaille y Carlos Ferrer —“El terremoto del jueves santo en Mérida: año 1812” (2003) y “El terremoto de Mérida de 1812: escudriñando entre las páginas de una novela inconclusa…” (2005)— constituyen las referencias obligadas sobre el tema, disponibles en el repositorio institucional Saber ULA (saber.ula.ve) y en la plataforma de revistas académicas de la propia universidad (erevistas.saber.ula.ve).

Estos estudios han permitido, entre otros aportes: relocalizar el posible epicentro del sismo merideño, revisar a la baja tanto su magnitud como el número de víctimas tradicionalmente aceptado, identificar el papel de la falla del Albarregas en los daños urbanos, y poner en contexto crítico las fuentes literarias y legendarias —como “La Loca de Ejido”— que durante dos siglos alimentaron la memoria popular sobre el desastre.

Asimismo, la Academia de Mérida —institución cultural vinculada a la vida intelectual de la ciudad— ha producido discursos de incorporación dedicados específicamente a figuras como el obispo Santiago Hernández Milanés, aportando información de archivo sobre su vida, su obra y las circunstancias exactas de su muerte y sepultura.

El terremoto del Jueves Santo de 1812 constituye, para la provincia de Mérida, mucho más que un episodio sísmico: fue un punto de quiebre que se llevó consigo a su máxima autoridad eclesiástica, truncó el sueño de una gran catedral, diezmó a su población, alimentó una intensa ola de religiosidad penitencial, sirvió de argumento político decisivo para el bando realista y quedó grabado en la memoria popular a través de leyendas —como la de “La Loca de Ejido”— que perduran hasta hoy en blogs, redes sociales y la tradición oral andina.

A más de dos siglos de distancia, la revisión crítica adelantada por investigadores de la Universidad de Los Andes ha permitido matizar muchas de las cifras y narrativas heredadas de la época, sin restarle al episodio su carácter de hito fundacional en la historia sísmica, política y cultural de Mérida y de Venezuela.

Publicaciones académicas y de la Universidad de Los Andes (ULA)

Laffaille, J. y Ferrer, C. (2003). “El terremoto del jueves santo en Mérida: año 1812”. Revista Geográfica Venezolana, 44(1), 107-123. erevistas.saber.ula.ve / Dialnet.

Laffaille, J. y Ferrer, C. (2005). “El terremoto de Mérida de 1812: escudriñando entre las páginas de una novela inconclusa en busca de información acerca de una historia real”. Redalyc / ResearchGate.

Universidad de Los Andes. “La Catedral de Mérida” (monografía sobre la Plaza Bolívar y la Catedral). saber.ula.ve.

Altez, R. (1998). “Cronometrización extemporánea. Los sismos del 26 de marzo de 1812 en Caracas y Mérida”. Revista Geográfica Venezolana, ULA.

Altez, R. (2005). “Los sismos del 26 de marzo de 1812 en Venezuela: nuevos aportes y evidencias sobre estos eventos”. Revista Geográfica Venezolana / SciELO Venezuela.

Altez, R. (2006). El desastre de 1812 en Venezuela: sismos, vulnerabilidades y una patria no tan boba. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello.

Moreno, M. I. “Jueves Santo lo hicieron, Jueves Santo la pagaron: el terremoto de 1812 en Tabay”. Revista Haciendo Memoria N.º 6, CISHVIT.

Archivos, academias e instituciones

Academia de Mérida. “Ubicación de la tumba del obispo monseñor Santiago Hernández Milanés”. Discurso de incorporación del Dr. Rosendo Camargo Mora (2025). academiademerida.org.ve.

Duque, H. “El obispo Hernández Milanés ante la expedición de Miranda”. Boletín del Archivo Arquidiocesano de Mérida / Redalyc.

Real Academia de la Historia (España). Ficha biográfica de Santiago Hernández Milanés. dbe.rah.es.

Prensa y medios digitales

El Nacional (26-03-2022). “A 210 años del terremoto de 1812”.

El Impulso (27-03-2012 y 26-02-2020). “Pensar el terremoto de 1812… 200 años después” y “El tenebroso terremoto del 26 de marzo de 1812”.

La Razón (2026). “Los Bolívar Palacios y el terremoto de 1812 / Biografía XIII”.

FUNVISIS (Portal Sismológico de Venezuela). “214 años del Terremoto de Venezuela”.

Enciclopedias, blogs y redes sociales

Wikipedia en español. “Terremoto de Venezuela de 1812”, “Historia de Mérida (Venezuela)”, “Anexo: Terremotos en Venezuela”.

mitosurbanosve.blogspot.com. “Mitos Urbanos: La Loca de Ejido”.

wildhunt.org (Alan D.D.). “La Loca de Ejido: Dependencia, Muerte y Demencia”.

lifeder.com. “Las 18 leyendas y mitos venezolanos más populares”.

Wattpad y relatoscortos.org. Versiones populares de la leyenda “La Loca de Ejido”.

TikTok (@unajevadevenezuela). Video divulgativo sobre “La Loca de Ejido”.

Nota metodológica: dada la antigüedad del evento y la escasez de fuentes primarias directas, las cifras de víctimas y las hipótesis sobre el epicentro varían según el autor y la época de publicación; este trabajo presenta las distintas versiones documentadas, señalando cuáles cuentan hoy con mayor respaldo académico. 

Te pedimos que al hacer citas en traabjos propios citar con Autoría del Licenciado Freddy Sánchez y El Blog Crónicas de Mérida.

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